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Vol. 11 No. 2
©Derechos de autor reservados 2009

“¡Pasa toda la vida dando y aprendiendo!”

Entrevista con Alice Sterling Honig

La siguiente entrevista con la Dra. Alice Sterling Honig se realizó en Syracuse (Nueva York) en mayo de 2009. Michele Jachim Barrett, de la Universidad de Syracuse, realizó la entrevista usando preguntas preparadas por las editoras de ECRP. La Dra. Honig es actualmente Profesora Emérita en la Universidad de Syracuse. Sus obras en las áreas de desarrollo, cuidado y educación de niños muy pequeños se han realizado en varias décadas y varios continentes. Sus contribuciones al ámbito han incluido investigación, enseñanza universitaria, abogacía, capacitación de padres de familia y proveedores de cuidado infantil, y la educación y crianza de sus propios hijos. Desde que comenzó a estudiar el desarrollo infantil en la década de 1960, se ha enfocado en una amplia gama de temas, entre ellos la calidad del cuidado de bebés y niños menores de 3 años de edad, la deficiencia de hierro en bebés, las relaciones entre padres y madres y sus hijos, el desarrollo lingüístico y social de niños y los efectos de la pobreza en el desarrollo de niños.

El comienzo de la participación en el ámbito

ECRP:

¿Cómo empezó a interesarle el ámbito del desarrollo y educación infantil?

Dr. Honig:

Bueno, esto no ocurrió cuando estudiaba para el primer doctorado en la Universidad de Columbia; ya que en ese programa estudiaba ratas cada día de la semana; corría ratas. Y trabajaba con pacientes psicóticos en el Instituto Psiquiátrico en un programa doctoral de Psicología Experimental. Así que no fue sino hasta dos décadas más tarde, cuando estudiaba para el segundo doctorado aquí en la Universidad de Syracuse, que estudié Psicología de Desarrollo. Realmente, lo que despertó mi profundo interés en niños en aquel momento era que había tenido hijos y aprendido qué tarea tan asombrosa, enormemente compleja y sutil es la de criar a tres seres humanos pequeños muy diferentes desde cero, desde el primer día, y descubrí que podemos aprender muchísimo si nos abrimos para aprender de nuestros pequeños.

ECRP:

¿Cómo se llaman sus hijos?

Dr. Honig:

Lawrence, Madeleine y Jonathan. El Dr. Lawrence Honig es neurólogo (y papá de dos hijos), y es profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia. Madeleine Lenski trabaja en un proyecto pediátrico para niños que nacieron muy prematuramente y sigue su desarrollo durante las décadas. Ella tiene tres hijos adultos. Y mi hijo menor, Jonathan Honig, es abogado y papá de cuatro hijos. Los tres son compañeros cariñosos de sus cónyuges, y son padres y madres enormemente dotados. ¡Me siento muy agradecida por eso! Me encanta que sus hijos son bondadosos así como laboriosos, y se interesan apasionadamente por aprender así como servir a otros. Por ejemplo, el hijo mayor de Jonathan, Naftali, trabaja para rehabilitar chimpancés huérfanos en el Congo.

ECRP:

¿Cómo era la capacitación y preparación de Ud. en desarrollo y educación infantil?

Dr. Honig:

Tuve la muy buena suerte a principios de la década de 1960 de colaborar con la Dra. Bettye Caldwell, quien era la cátedra del Departamento de Estudios de Niños y Familias en la Universidad de Syracuse durante muchos años. Tuvo una concesión junto con el jefe del Departamento de Pediatría, quien era la primera persona que montó Head Start con el Presidente Lyndon Johnson. La Dra. Caldwell estudiaba lo que pasa con el cociente intelectual, la capacidad intelectual, de niños pobres durante los primeros 2 años de vida. Mientras yo analizaba a bebés para ella durante 24 meses, aunque algunos bebés vivían con ambos padres, lo que yo encontraba era una tendencia constante de disminuciones en el cociente intelectual, simplemente por vivir en una cultura de pobreza. Bueno, “cultura de pobreza” en muchos casos no significa que simplemente no tienes dinero; significa que bien puede existir una pobreza en la riqueza del ambiente intelectual para criar a un niño. Así que a estos pequeños probablemente no se les hablaba mucho ni se les leía, aunque eran muy queridos. Registramos este descenso grave en el cociente intelectual, que excedía 20 puntos.

Alice Honig
Figura 1. El interés de la Dra. Alice Sterling Honig en niños pequeños y sus familias la ha conducido a una carrera prolífica de investigación, escritura, enseñanza y servicio realizado gratuitamente.

En aquel momento la Dra. Caldwell decidió, junto con el Dr. Julius Richmond –el jefe del Departamento de Pediatría en el hospital Upstate Medical Center– establecer el Centro para Niños (Children’s Center) bajo los auspicios de una concesión federal por medio de la Universidad de Syracuse. Ella deseaba proveer el cuidado infantil de alta calidad a grupos de bebés, pero por aquel entonces en el Estado de Nueva York, la ley prohibía el cuidado de bebés en grupos; la profesora tuvo que obtener una dispensa del Estado. Así que el Dr. Julius Richmond, quien fundó Head Start en la década de 1960 con el Presidente Lyndon Johnson, junto con la Dra. Caldwell, ¡comenzó un experimento pionero! Establecieron un programa de alta calidad para bebés y niños menores de tres años en una casita vieja que se halla a solo unas manzanas de aquí. Aprendimos tantas cosas en los primeros seis meses, y una de ellas fue que no se vio ningún declive en el desarrollo intelectual de bebés de clase media en ese programa. Sabes, algunos temían que si sus hijos asistieran a la escuela junto con niños pobres, tal vez se disminuyera su desarrollo intelectual. Después de que nuestros hallazgos iniciales salieron tan claros, el Dr. Caldwell se concentró en matricular solamente a hijos de familias pobres, de bajos ingresos y menos preparación académica.

En ese programa lo hicimos todo desde cero, por así decirlo. Creamos currículos basados en las teorías piagetianas, eriksonianas y mahlerianas. Luchamos juntos con cuestiones intelectuales a fin de traducir las ideas teóricas a la vida real: “¿Qué se propone esto que debemos hacer con los bebés?” Poníamos a dormir a nuestros propios hijos, llamábamos a una niñera y volvíamos al Centro por la noche para trabajar en la formación del currículo. Hoy día, con incontables libros y muchos vídeos disponibles (¡entre ellos algunos libros y vídeos míos!), esto parecerá inconcebible, pero así era a principios de la década de 1960.

Me siento muy privilegiada de haber colaborado con ella. Todavía le dirijo mensajes electrónicos adonde vive, en Little Rock (Arkansas), ya que la Dra. Caldwell era mi mentora. A través de aquel trabajo principiante, descubrí lo bello, asombroso y lleno de revelaciones nuevas del mundo de la primera infancia –sobre todo de los primeros años de vida– así que en este ámbito pasas toda la vida aprendiendo. Es imposible que hayas aprendido lo suficiente acerca de los niños pequeños, y con la Dra. Caldwell comencé mi viaje profesional de aprendizaje por toda la vida con niños pequeños.


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Personas e ideas influyentes

ECRP:

¿De quiénes son las obras que la han influenciado, y qué le fascina más en los trabajos de estas personas?

Dr. Honig:

Mi madre era maestra. Nació en un shtetl pequeño, esto es un pueblo pequeño en Polonia o Rusia cerca de las fronteras. Y vinieron los Cosacos y mataron a judíos. Ella contaba que cuando era pequeña mataron a uno de sus tíos. Al llegar a este bonito país americano, solo sabía hablar yídish. Se volvió adulta y llegó a ser una profesora maravillosa de literatura inglesa para alumnos de enseñanza secundaria media, a causa de lo que llamaba “Goldene Medina”, los Estados Unidos, esta “tierra de oro” que le permite al inmigrante la oportunidad de intentar hacerse la mejor persona posible, estudiando mucho y trabajando mucho.

Lo que más le agradezco a mi madre es la herencia que me dio, la habilidad del lenguaje. Tenía que calificar 300 tareas cada fin de semana; no sé si los maestros hacen eso todavía. Mi papá, para ser amable con mamá, nos llevaba a dar un paseo largo en el Parque Prospect en Brooklyn para que ella pudiera calificar tareas toda la tarde los fines de semana. Ella escuchaba la ópera en la radio cada sábado por la tarde; así que aprendí a amar la música clásica desde pequeña. Escuchaba a Caruso en los discos que ella había comprado. Y ella recitaba páginas y páginas de poesía, así que puedo recitar a mis clases tomos de poesías de Shakespeare y otros. A menudo en las clases universitarias cuando he preguntado: “¿Quién sabe de dónde se origina este verso de poesía?”, tal vez uno o dos estudiantes levantan la mano. Pero a veces los poetas escribieron sobre la primera infancia, la educación de los hijos y las angustias del ser humano en prosa y poesía, de manera que ningún especialista en desarrollo infantil ha escrito con tanta belleza para expresar ciertos sentimientos o ciertas situaciones.

Por ejemplo: de “La canción de amor de J. Alfred Prufrock” por T. S. Eliot: “Yo debería haber sido un par de garras destrozadas/ Barrenando el fondo de mares silenciosos.”* La angustia del anciano estalle en estos versos de pena que describen tan vívidamente sus dificultades emocionales para comunicarse con otros.

Creo que mi madre me dio un amor eterno por la escritura. He escrito cosas toda la vida. Cuando era adolescente, ¡hasta se publicó una poesía mía en el antiguo periódico Herald Tribune de la Ciudad de Nueva York! He escrito más de 500 artículos y docenas de libros, y los guiones de varios vídeos en los que también hice el comentario. Mi madre también me infundió un amor por el aprender, un deseo por aprender más y más, así que sin importar lo vieja que llegue a ser, siempre me parece que hay algo que puedo aprender leyendo, y sobre todo observando la interacción de un niño con su padre, madre o cuidador. Acerca de los niños… ¡siempre hay algo nuevo para aprender!

Mi madre también me infundió un amor por el aprender, un deseo por aprender más…

ECRP:

¿Hay alguien más cuyas obras la han influenciado?

Dr. Honig:

Bueno, primero Jean Piaget, ya que nos enseñaba a mirar cada movimiento de un bebé, así que aprendes que “Ese comportamiento, de extender la mano para alcanzar un juguete, por ejemplo, no se encontraba a la hora del nacimiento del bebé, cuando tenía las manitas apretadas en puños.” Y cualquier cosa que aprenden los bebés –jugar “pat-a-cake” uniendo las manos junto al eje central del cuerpo, cruzar el salón a gatas para agarrar una pelota de goma que había rodado detrás de una silla– representa un descubrimiento nuevo y maravilloso.

Me encanta observar el trayecto del aprendizaje del lenguaje primerizo: cuando bebés empiezan a producir esas vocales balbuceantes desde la garganta. Qué asombroso cuando unen las vocales a un consonante labial o del paladar delantero para decir ma o da o pa, y luego lo doblan: ¿qué se escucha entonces? Por supuesto, “Ma-ma, Da-da, Pa-pa”. (En francés, ‘madre’ se dice “maman”; en chino mandarín, ‘madre’ se dice “Ma” con el primer tono; y en árabe y hebreo, ‘padre’ se dice “Abba”.)

Las observaciones lúcidas y meticulosas de Piaget sobre sus propios tres bebés me hicieron aumentar la sensibilidad al observar a bebés y niños de 1 y 2 años. ¡Habrá sido una fastidia tener a él por esposo! Iba a la puerta de donde su esposa daba el pecho a un bebé y decía: “¡Cu-cu, bebé!”, y el niño de tres meses dejaba caer el pezón de la boca y buscaba los ojos de Piaget. Pero éste me enseñó a darme cuenta: “¡Qué maravilloso, la nena ya sabe usar los músculos motores oculares para buscar a Papá que la llama desde una distancia!”

Así que aprendí de las escrituras de Piaget, sobre todo «Los orígenes de la inteligencia en los niños», a ser una observadora más atenta. Por ejemplo, una vez cuando estaba dando un examen a un pequeño, le demostré cómo abrir y cerrar una cajita vacía para cerrillos y lo animé, usando un tono parecido al canto, a imitar mi gesto con las manos. En vez de hacerlo, ¡solemnemente abrió y cerró la propia boca! Piaget describía esto como “asimilación generalizadora”, y contemplé al pequeñuelo intentar con su propia boca reproducir las mociones de abrir y cerrar que yo acababa de demostrar con la cajita.

He aprendido mucho de las obras de Erik Erikson, sobre las ocho etapas y los grandes conflictos nucleares que resultan en trayectos diferentes –más positivos o más problemáticos– del desarrollo emocional. Los bebés, para su primer cumpleaños, han aprendido un equilibrio de más confianza versus desconfianza (o, desafortunadamente, lo contrario) consigo mismos, con sus padres y con cuidadores. He aprendido sobre todos los conflictos nucleares durante los siguientes años de vida, hasta la lucha dialéctica hacia el final de la vida: aceptar la vida que hemos llevado pese a todas las adversidades o los fracasos en lograr todas nuestras metas y ensueños de la juventud. (En vez de eso, algunas personas amargadas, hacia el fin de sus vidas, sienten con desesperación: “¡Si me hubiera casado con otra persona, o tenido un jefe diferente, habría llegado a otro destino!”)

Y también aprendí de Margaret Mahler. Cierto año tuve la muy buena fortuna de hacer investigaciones (usando datos de los archivos en una clínica para bebés sanos, Clinique aux Nourissons) en París para analizar la relación entre la deficiencia del hierro y la enfermedad respiratoria grave durante los primeros años de vida. La Dra. Mahler iba a dar una conferencia en un congreso en el sur de Francia, así que viajamos allá por coche y tuve el privilegio de escucharla personalmente mientras discursó sobre la perspicacia que había aprendido en el tema del desarrollo de los primeros años.

Para mí ha sido un gran gozo darme cuenta que ¡he estado presente en el mismo salón con algunos de los titanes del ámbito de desarrollo infantil del último siglo! Una vez en la Ciudad de Nueva York, ¡tuve la oportunidad de sentarme durante el almuerzo al lado de Jean Piaget! Mi compañero de vida era entonces el decano de la Facultad Graduada Belfer de la Universidad Yeshiva. Me llamó un día cuando estaba en Syracuse y me dijo: “Mañana vendrás a la Ciudad de Nueva York”. Le dije: “Tengo un montón de cosas que hacer”. Y él me dijo: “Bueno, Jean Piaget va a recibir un doctorado honoris causa de nuestra universidad, y te sentaré con él para el almuerzo”. Le dije: “¡Allí voy!”

Así que he podido estar en la presencia de algunos de los grandes teóricos: Piaget, Mahler, Bowlby, Erikson… pero no Freud, desafortunadamente, ya que falleció en Inglaterra. Estas experiencias personales tienen mucho significado para mí.

Para mí, ha sido un gran gozo darme cuenta que he estado presente en el mismo salón con algunos de los titanes del ámbito de desarrollo infantil del último siglo… Piaget, Mahler, Bowlby, Erikson…

Los jóvenes, por supuesto, pueden leer libros escritos por pioneros en la primera infancia. El libro más excelente que explica detalladamente los conceptos de Margaret Mahler sobre el desarrollo infantil es Oneness and Separateness (La unión y la separación) por Dra. Louise Kaplan. Mi libro favorito por Erik Erikson –he leído este libro docenas de veces y todavía me encanta más que todas sus demás obras– es «Infancia y sociedad».

Hace unas semanas escuché algo divertido: Una de mis estudiantes en el Taller de Calidad del Cuidado de Bebés y Niños de 1 y 2 Años me dijo: “¡Que yo pensaba que ellos habrán vivido hace muchos siglos, Dra. Honig!” Esto demuestra lo que pasa: Los jóvenes perciben a los grandes teóricos e investigadores en nuestro ámbito como gente de lo antiguo. Para mí estos grandes pensadores siguen muy vivos ya que sus ideas me importan muchísimo, y sus ejemplos y su perspicacia sobre la obra clínica han formado mi propia capacidad de entender a pequeñuelos, sentir empatía para ellos y hallar maneras de ayudarlos a medrar.

Este es un punto importante que deseo recalcar. He estudiado libros, pero necesitamos la experiencia clínica de trabajar con personas –bebés, niños, maestros, padres de familia– de culturas diferentes. Hay que unir la teoría a la práctica. Digo siempre que nuestro ámbito es como un taburete de tres patas: la teoría, la investigación y la experiencia práctica. Y sabes, si estás ordeñando una vaca y se corta una de las patas del taburete, te caerás al trasero. Realmente se necesitan estos tres pilares del conocimiento, para comprender a niños pequeños y a sus familias en todas las áreas. Así que me siento muy agradecida ya que he podido aprender en las tres áreas.

En el trabajo clínico con seres humanos, aprendes a ser más humilde y paciente y a ayudar a las personas a ver las cosas desde el punto de vista del niño….

También fui influenciada y conmovida al capacitar a cuidadores para el Dr. Lally en el Programa de Investigación del Desarrollo Familiar (Family Development Research Program). Algunas de las señoras maravillosas que trabajaban como visitantes a domicilio me conmovieron como nada más en el mundo. Algunas habían vivido en el Sur cuando cundía la discriminación contra africano-americanos. Algunas habían asistido a la escuela hasta tal vez el cuarto grado o poco más. Pero se habían criado con dignidad. Se interesaban profundamente por los padres de familia a quienes servíamos. Perseveraban por tormentas de nieve para viajar por bus haciendo visitas a domicilio a padres adolescentes que a veces daban risitas detrás de la puerta fingiendo que no estaban en casa. Yo aprendí a respetar el valor de estas señoras, su disposición a aprender de las ideas de Piaget y Erikson, interpretadas para tratar las actividades que se debían llevar a cabo con los padres y madres, y la manera de tratar y hablar a las personas, para ayudarlas a sentirse como colaboradores en este esfuerzo por ayudar a sus hijos a medrar. Entrevisté a una de nuestras visitantes a domicilio para mi libro sobre la participación paterna y fui conmovida por su informe positivo y gozoso, que después de visitar durante un año a cierta mamá joven, las persianas estaban levantadas y no cerradas cuando nuestra visitante llegaba al apartamento. Esa mamá joven finalmente había llegado a confiarse lo suficientemente en la visitante y ya creía verdaderamente que ésta venía porque deseaba profundamente ayudar a la mamá y a su hijo pequeño.

Trabajando con el personal del Programa de Investigación del Desarrollo Familiar, aprendí a respetar profundamente a aquellos que han sufrido la discriminación en nuestro propio país antes de que existieran nuestras leyes de libertad civil; ya que esto ocurría a principios de la década de 1960, cuando empecé a trabajar con el Centro para Niños y luego el Programa de Investigación del Desarrollo Familiar.

ECRP:

¿Puede contarme más sobre la influencia de la experiencia práctica en su comprensión de los padres e hijos?

Dr. Honig:

Tengo licencia como psicóloga clínica en el Estado de Nueva York. Como psicóloga, veo a niños y padres sumamente estresados; a menudo se hallan en medio de batallas legales sobre el divorcio o la custodia, o los niños tienen muchos problemas con la ansiedad o el manejo de la cólera. He aprendido a ser muy humilde. No siempre existe una solución para algunas dificultades de ciertos niños que tienen problemas graves; a menos que puedas convencer al padre o a la madre que “Si realmente quieres a este hijo, ¿puedes intentar ver lo que pasa desde el punto de vista de él o ella? Y luego pondremos a prueba nuevos modos, nuevas estrategias para ayudar a sanar las dificultades”. En el trabajo clínico con seres humanos, aprendes a ser más humilde y paciente y a ayudar a las personas a ver las cosas desde el punto de vista del niño, para que puedan hacer el esfuerzo valiente de poner a prueba maneras nuevas de relacionarse con sus hijos a fin de sanar las heridas.

He aprendido mucho de mis trabajos voluntarios. Hace varios años, al trabajar con un programa de Caridades Católicas (Catholic Charities) para mamás adolescentes y sus bebés, descubrí que cuando comenzaba las evaluaciones (con el bebé sentado en el regazo de mamá) haciendo actividades para bebés de mucho menos edad biológica que la del bebé en cuestión y expresando el deleite cuando éste respondía exitosamente, las mamás se animaban al creer y sentir positivamente que este pequeñuelo aprendía de manera maravillosa (aún cuando la calificación de desarrollo del bebé, la cual yo no mencioné ni enfaticé, tal vez me preocupaba).

Otro ejemplo: Colaboré con un abogado en forma voluntaria durante más de 10 años con la Asociación de Salud Mental del Condado Onondaga. Ofrecíamos ayuda a grupos de padres y madres involucrados en procesos muy difíciles y acalorados de divorcio y custodia, en que a veces se encuentra mucho de lo que Freud describía como “proyección del mal” hacia el contrincante: “¡Si no fuera por ella!  ¡Si no fuera por él!”  (¡Sería imposible imaginarse que los dos hace tiempo se casaron y se amaban uno al otro!) Describían que las calificaciones de sus hijos se desplomaban, los niños peleaban en el patio de recreo con los compañeros, y hasta bebés en tales casos de divorcios acalorados se despertaban mucho más por la noche y lloraban más, y ciertamente sus hijos pequeños se sentían muy tristes. A veces era fácil resolver un problema: Mamá o Papá no quería dejar que el perro fuera a la casa del otro durante la visita al fin de semana. ¡Qué fácil resolver ese problema! Pero a veces era mucho más difícil, ya que a ciertas personas que tienen sus propios problemas, se les hace mucho más difícil poner las necesidades de sus hijos en primer lugar. Por eso estimo muchísimo el programa de la Asociación de Salud Mental del Condado Onondaga, que se titula muy aptamente “Primero los niños”.

Las recompensas del trabajo en el ámbito

ECRP:

Entre todos los papeles que usted ha desempeñado en este ámbito, ¿con cuáles se siente especialmente satisfecha?

Dr. Honig:

Me encanta ser profesora. Además de los años en que impartí cursos en Syracuse, enseñé durante un verano en una universidad en Kentucky y he presentado discursos en muchas universidades en los Estados Unidos, como la Universidad Estatal de Michigan. También me han invitado a dar discursos en el Instituto Nacional de Educación en Singapur durante varios días, y en universidades en muchos más países, como en Shanghái (China), Seúl (Corea), París (Francia), Regensburg (Alemania) y Melbourne (Australia). Una vez en Rusia, me sentía afortunada ya que pude dar un discurso a estudiantes universitarios hablando ruso, aunque no muy fluidamente; había estudiado ruso durante años en la Universidad de Syracuse, un curso tras otro, cuando mis hijos eran pequeños.

Me encanta ser mentora: ayudar a estudiantes a completar sus investigaciones, examinar los archivos impresos junto con ellos y ayudarlos a ver si se encuentra algún dato fascinante. Cuando cierta estudiante vino y me dijo: “No hallé nada, Dra. Honig”, le dije con admiración de sus talentos: “Trabajas como asistente social a tiempo completo a la vez que haces investigación, y hallaste que, aunque todos los niños nacieron con dificultades del desarrollo y discapacidades y llevas cinco años trabajando con cada familia, ¿no hay ninguna diferencia entre las medidas de los resultados de tus familias más pobres y las de clase media?  ¡Tu jefe debe darte un aumento de sueldo por esos hallazgos!  ¡Tus datos sugieren que has trabajado mucho por apoyar a estas familias sin importar su clase social!” Qué sentimiento especial, cuando sirves de mentor a un estudiante que te mira y dice: “¿De veras, Dra. Honig?” y se da cuenta que ‘no hallar ninguna diferencia’ significa que su propio trabajo en el ámbito, a la vez de estudiar para la maestría, ¡ha sido una obra maravillosa para las familias!  ¡No hay nada como ser mentora!  Te da mucho gozo, y te hace sentir que te mereces tu pan del día, aquí en la Tierra que Dios hizo.

Y mi trabajo con la Dra. Caldwell era muy satisfactorio […] capacitaba a sus cuidadores. Después de que la Dra. Caldwell se mudara a Arkansas, el Centro para Niños tuvo un nuevo director de proyectos, el Dr. J. Ronald Lally. El programa se expandió para formar el Programa de Investigación del Desarrollo Familiar (FDRP por sus siglas en inglés), enriquecido con una iniciativa nueva –las visitas a domicilio– de manera que este programa de intervención se hizo un programa modelo muy cabal. Ayudé a capacitar al personal de visitas a domicilio, y colaboré cada semana con los maestros. Durante todo ese tiempo, aprendía a enseñar a adultos que tenían grados muy diferentes de instrucción académica y a observar continuamente a los maestros y sus interacciones con niños durante las clases, para hacer mediciones formativas y evaluativas para que supiéramos cómo mejorar los programas, a fin de que la vida floreciera para los pequeños y sus familias.

Al relacionarme con los padres y madres que estaban presentes cuando yo evaluaba a sus hijos, he aprendido mucho sobre las cualidades de la educación de los hijos; de las diferencias vastas entre una familia y otra. Esa perspicacia ha sido importantísima para mi propio desarrollo. Por ejemplo, una vez le di un cumplido a una mamá, diciéndole con admiración: “¡Su hijita tiene mucho lenguaje!”. Con esto quería decir que me deleitaba escuchar a esta pequeña hablar durante las clases. Y la madre me replicó: “Sí, ella habla demasiado. Es muy fresca”. Y yo pensé: “Bueno, yo quería darle un cumplido. Tengo que aprender a hablarles más precisamente para que entiendan que quería decir algo muy bonito acerca de su hijo”. Eso era algo que yo necesitaba aprender.

Así que, ¿cómo aprendía? De libros, de padres y sus hijos, de mis mentores, del contacto constante con los padres y madres al hacer investigación, haciéndoles preguntas sobre cómo educaban a sus hijos, y luego publicando artículos usando el cuestionario de la Teoría Implícita del Aprendizaje y los materiales que creamos. A veces en el trabajo sobre la Teoría Implícita del Aprendizaje, simplemente nos quedábamos sentados en el parque con los padres y les preguntábamos: “Si su hijo hiciera este o aquel comportamiento, ¿qué haría usted, y cómo lo trataría?”, y aprendíamos de sus respuestas. Así que investigar entrevistando a padres y madres sobre sus ideas y prácticas ha sido una manera preciosa de aprender y comprender más sobre el desarrollo de niños pequeños y maneras de adelantar su aprendizaje.

Vivir en otros países, en culturas diferentes, me ha resultado muy productivo. Yo visitaba instalaciones de cuidado infantil, escuelas y hospitales, y hablaba mediante un intérprete con maestros en China cuando Mao Tse-tung era dictador allí, y me sentía asustada en mi primera visita ya que se veían soldados por dondequiera y toda la gente se vestía igual: en chaquetas de tonos claros y pantalones oscuros. Sin embargo, cuando fui a los centros para bebés, vi que sostenían en brazos muy tierna y cariñosamente a los pequeños, y vi que los bebés usaban pijamas con patrones estampados. Eso significa que sin importar el costo, en un país muy pobre, se consideraban a los bebés como preciosos.

En China, vi a una señora que andaba por la calle llevando a un bebé, y del bebé le salía una diarrea que caía en las manos de la señora. Ésta estaba tranquila y se apresuraba, no a regañar al bebé sino a buscar una bomba de agua en alguna parte de la calle para lavar al bebé y a sí misma. Así que aprendí que en algunas culturas, aún con un dictador que bien puede haber matado a 6 millones de sus propios compatriotas, la gente todavía amaba a los bebecitos y los trataba con tanta ternura; desafortunadamente, más que en algunas familias donde yo hacía visitas a domicilio en mi propia cultura. Pues aprendí a respetar aquel aspecto de culturas diferentes, donde se enfatiza mucho la ternura que necesitan los niños pequeños. Yo creo que cada experiencia en otras culturas (como Francia, donde he vivido durante plazos extensos), con observaciones de padres, madres y sus hijos pequeños, me ha ayudado a crecer en la perspicacia.

Teoría Paterna Implícita del Aprendizaje

ECRP:

¿Quisiera contar un poco más sobre la Teoría Paterna Implícita del Aprendizaje, para clarificarnos lo que es, cómo se desarrolló y sus aplicaciones actuales en sus obras y las de otros?

Dr. Honig:

El Teoría Paterna Implícita del Aprendizaje (Implicit Parental Learning Theory, o IPLET) es un cuestionario para padres de familia, que desarrollamos en el Centro para Niños para llegar a entender las ideas de los padres sobre la manera en que aprenden sus hijos. Existen cuestionarios separados para padres de bebés, de niños de 1 y 2 años y de niños de edad preescolar, y un cuestionario IPLET para padres de niños de 5 y 6 años. Cada pregunta del IPLET trata un comportamiento común de los niños, y el entrevistador le pregunta a un padre o madre cómo manejaría cada situación conductual: por ejemplo, un niño que pega a un hermano o compañero de juego, les fastidia a los padres pidiéndoles que lean un libro, tiene problemas para dormirse, gira los botones del televisor o el radio mientras los padres están mirando o escuchando un programa, o se comporta como asustado cuando ladra un perro.

Hemos publicado investigaciones con IPLET en varios países: la India, Suecia, Francia, Corea y los Estados Unidos. (Yo hice las entrevistas en Francia y en Syracuse.) Es fascinador ver tanto las similitudes como las diferencias en las reacciones maternas. En cada cultura era mucho más probable que las mamás mencionaran poner a prueba una mayor variedad de técnicas de tratamiento cuando un comportamiento las dejaba perplejas o no lo aprobaban, en comparación con los que aprobaban, como cuando una madre pedía que su hijo hiciera algo y éste cooperó bien. Algunas técnicas informadas como generales por padres y madres entre culturas diferentes son razonar, consolar, dar castigos físicos, explicar, gratificar y regañar.

Sin embargo, la intensidad del castigo físico o de pasar por alto comportamientos que se pueden esperar en cierta etapa del desarrollo, difieren considerablemente entre culturas. Por ejemplo, las mamás suecas tenían mucha más probabilidad de simplemente pasar por alto comportamientos que estimaban como normales para una etapa del desarrollo.

También he publicado informes de investigación (junto con Jung) de las reacciones diferentes de padres y abuelos coreanos; queríamos descubrir si existen diferencias entre las generaciones respecto al cuidado paterno masculino. Los padres contemporáneos daban respuestas que evidenciaban más flexibilidad.

La investigación con el IPLET que he llevado a cabo más recientemente, con una estudiante graduada que hizo entrevistas con el IPLET en Shanghái, tenía que ver con preguntarles a padres y madres separadamente sobre sus maneras de tratar comportamientos que querían cambiar en sus hijos. Queríamos descubrir si los papeles paternos de cada sexo en familias chinas modernas de clase media son diferentes o más similares en la actualidad, para tratar comportamientos de niños que se encuentran comúnmente entre culturas.

Otras investigaciones significativas

ECRP:

Usted ha investigado y escrito sobre muchos temas diferentes en el ámbito: el cuidado de bebés y niños menores de 3 años, el bienestar social y emocional de niños, el desarrollo lingüístico y la calidad del cuidado, entre muchos más. De todos los temas e ideas, ¿cuáles le han sido más absorbentes y por qué?

Dr. Honig:

[…] Me encantó hacer investigaciones hace varias décadas con el Dr. Frank Oski, el jefe entonces del Departamento de Pediatría del Upstate Medical Center. Hicimos muchos estudios juntos sobre los efectos de la anemia por deficiencia del hierro en bebés y niños de 1 y 2 años. El estudio tenía reglas muy estrictas: la asignación aleatoria a bebés a grupos que recibían suplementos intramusculares de hierro cuando tenían niveles bajos de hemoglobina, o una solución salina intramuscular. Y hasta que hice este trabajo, nunca me di cuenta que cuando un niño se porta de manera muy solemne, una mamá puede pensar: “Ah, es una nena malhumorada” o “Él no me quiere”. Una vez en un programa de radio cuando yo contestaba llamadas, una mamá me dijo eso: “Llora todo el tiempo; no me quiere”. Pero puede ser que su hijo tenía un nivel de hemoglobina muy por debajo del 10,5 y era malhumorado e irritable porque no tenía fórmula fortificada con hierro. Aprendí muchísimo de esa investigación.

En el estudio sobre la deficiencia del hierro, durante años no se me permitía saber quién era del grupo de enriquecimiento con hierro ni del grupo de control, hasta que hubiéramos recogido suficientes datos. Pero a veces hallaba que los niños eran tan malhumorados y solemnes (¡y usualmente estoy dispuesta a ponerme de cabeza, hacer muecas y todo para animar a un bebé!), y una semana más tarde algunos de los bebés no podían más que sonreír. El Dr. Oski no quiso decirme quién era de cuál grupo, Michele, pero ¡yo sabía discernirlo!

¡Y sus cocientes intelectuales subieron si habían recibido el hierro intramuscular! Los cocientes intelectuales no suelen aumentarse de una semana a otra. Aprendí muchas cosas sumamente valiosas de esa investigación; que algo tan sencillo como fortificar la fórmula con hierro (tan común ahora para los bebés en el mundo de hoy) puede producir tan grandes diferencias, pero esta investigación se realizó hace casi 30 años.

Para mí ese fue un gran gozo, escuchar que una investigación en que yo había participado tenía significado en el mundo real….

Más tarde hacía investigaciones y vivía en Jerusalén en Israel por algún tiempo, y fui a visitar clínicas donde pediátricos tanto de habla árabe como de habla hebrea servían a las familias. Me sentía privilegiada ya que me permitieron ver las clínicas para bebés sanos, tan bellamente arregladas, con un rincón del salón donde todas las mamás podían jugar en el suelo con su bebé usando juguetes, y una persona capacitada para ayudarlas a trabajar y jugar con sus bebés, sea en árabe o en hebreo. Los médicos me dijeron: “Ah, usted es la Dra. Alice Honig. Hemos leído sus artículos con el Dr. Oski. Desde entonces, les hemos explicado muy claramente a todas las mamás que van a cambiar de amamantar a dar el biberón, que deben usar la fórmula fortificada con hierro. Y al hacer el examen de Bayley en árabe o en hebreo, hallamos en un año un aumento de al menos cinco puntos en el cociente intelectual en comparación con los resultados de nuestros exámenes desde hace años. ¡Nos encanta conocerla!”

Para mí ese fue un gran gozo, escuchar que una investigación en que yo había participado tenía significado en el mundo real; que la investigación informada representaba mucho más que algunos hallazgos publicados en una revista para que uno pudiera tener el ascenso adelantado desde profesor auxiliar hasta profesor asociado.

En otro proyecto de investigación en que aprendí a mostrar más sensibilidad hacia las cuestiones relacionadas al género sexual, hace varias décadas, trabajaba con una estudiante doctoral. En su disertación, Donna Wittmer halló que los maestros que trabajaban con niños de 1 y 2 años de familias de bajos ingresos tenían menos probabilidad de responder con cariño y atención a las iniciativas de niños varones (en comparación con las niñas). Desde entonces, cada vez más investigación ha revelado la vulnerabilidad aumentada de bebés y niños varones a causa de la falta de una suficiente ternura y atención positiva de los padres, madres y cuidadores.

También colaboré con Holly Brophy, quien había sido una de mis estudiantes doctorales. Holly hacía visitas a domicilio para enseñarles a mamás solteras adolescentes que habían dejado el colegio, maneras de fomentar una relación segura de apego entre bebé y mamá, cómo acariciar y hablar a sus bebés y cómo captar las señales de estrés en sus bebés y aliviarlos pronto: “Para que tu bebé pueda tener una relación cariñosa contigo y un buen apego, un apego seguro. Así que como la mamá, tendrás un hijo más obediente cuando tenga 2, 3 ó 4 años ya que de la investigación, sabemos que estas son las interacciones que más probablemente resultarán cuando los bebés experimentan temprano un lenguaje enriquecido y una relación segura y confiada con sus padres.”

Es interesante, hallamos que después de seis meses de visitas a domicilio, las visitas no eran un factor tan poderoso como el pensamiento de la mamá, si había pensado: “Mi mamá me pegaba, me gritaba. No me decía cosas bondadosas. No quiero que mi bebé crezca con tales sentimientos; ni enojo ni amargura. Quiero algo mejor para mi bebé”.

Yo describo ese entendimiento como reflexividad. Holly y yo escribimos un artículo juntos: “La reflexividad. Ingrediente clave para el éxito de padres adolescentes”. (Este artículo fue leído por investigadores en Canadá, quienes luego obtuvieron una concesión y les enseñaron la reflexividad a mamás adolescentes embarazadas.)

Y esta es otra cosa que me hizo muy feliz. Esto también era investigación, que fue publicada; así que te sientes bien por eso. Pero ¡que alguien realmente utilizara entonces los hallazgos de nuestra investigación para producir buenos resultados en el mundo real! Sabes, aquí en los Estados Unidos, tenemos la mayor tasa de embarazos de adolescentes en el mundo industrializado occidental, y no hacemos lo suficiente, ni mucho menos, para asegurarnos que las familias de adolescentes reciban el apoyo para criar y educar a sus hijos para que tengan relaciones seguras de apego y un amor por el aprendizaje. Tal vez hagamos lo suficiente en clínicas para embarazos de alto riesgo, pero lo que hacemos es muy insuficiente –con la excepción de programas especiales como el del Dr. David Olds [en el Centro de Investigación de Prevención para la Salud de Familias y Niños]– para ayudar a los padres a aprender las habilidades de crianza de alta calidad… y aprender a ser reflexivos: “¿Cómo quiero que sea mi bebé?  ¿Cómo puedo ayudar a que mi bebé medre?”

Cierta madre adolescente me dijo: “¡Esto le encanta!”  ¡Me mostró una jarra grande de glaseado con sabor de vainilla que se compra para embadurnar un pastel! Se lo daba a un niño de 4 meses. Ahora bien, ¿a quién realmente le encanta?  ¡A la mamá adolescente! Así que ha decidido que le encanta a su bebé de 4 meses. Luego si el bebé llora toda la noche con un dolor del estómago, ella va a pensar que es un bebé malo. Pero no sabe que un alimento con tanto azúcar no es apropiado para un bebecito.

A causa de mi trabajo de extensión con padres de familia […] he aprendido mucho sobre las creencias de algunos padres, que pueden ser muy disparatadas. (Cierto padre me dijo que pensaba que su hijo debía ser absolutamente obediente cuando sus padres le decían “No-no” ¡para los 6 meses de edad!) Tristemente, creo que hacemos muy poco para remediar la falta de conocimiento entre los adolescentes sobre el desarrollo y la educación de los hijos, con cursos que deben ofrecerse en cada escuela de enseñanza media superior para enseñar la crianza cariñosa y positiva, y la sexualidad responsable para adolescentes.

ECRP:

Usted es socia de la Asociación Psicológica Estadounidense (APA por sus siglas en inglés) y de la Sociedad de Investigación en Desarrollo Infantil (SRCD en inglés). ¿Qué le ha significado la membrecía en estas y otras entidades del ámbito?

Dr. Honig:

En las reuniones de investigación de SRCD, he presentado durante décadas hallazgos de investigación, a solas o con estudiantes colaboradores. En la última reunión de SRCD, la Dra. Chu Chu Wu presentó nuestra investigación cooperativa: nuestros hallazgos sobre las percepciones de madres taiwanesas de la importancia de leer con sus hijos preescolares y la manera en que se relacionan con sus hijos pequeños al leerles. Ella recogió estos datos en la ciudad de Tainan, en Taiwán.

Cada año durante muchas décadas, también presento un discurso ante aquellos que asisten a las reuniones anuales de la Asociación Nacional de Educación Infantil (NAEYC por sus siglas en inglés). Por ejemplo, este noviembre que viene, daré un discurso sobre el tema “Bebés asombrosos. Investigación que los cuidadores necesitan conocer para mejorar la calidad del cuidado de niños”.

He creado varios vídeos para NAEYC, y éstos son prestados regularmente en los congresos. Hice un vídeo para Davidson Films, “Nurturing Young Children's Language Power” (maneras de estimular el poder lingüístico de niños pequeños), para el que escribí el guión e hice el comentario. Gracias a la generosidad de la Sra. Davidson en dar permiso a NAEYC para utilizar este vídeo, lo presentan en muchas de las reuniones anuales de NAEYC también.

Cambios en las perspectivas personales

ECRP:

En todas sus experiencias durante los años, ¿ha experimentado cambios en su perspectiva hacia los niños pequeños y su cuidado y educación?  ¿A qué se deben esos cambios?

Dr. Honig:

Bueno, hace muchos años entré una vez a una librería Barnes & Noble y vi que la mayoría de los libros sobre la crianza iban destinados a padres y madres de clase media, y los capítulos estaban llenos con palabras de tipo “educación universitaria”. Así que cuando empecé a escribir algunos de mis libros, como el de juegos de aprendizaje (Playtime Learning Games), colaboré con un perito de lectura del sistema Flesch para aprender a evitar las palabras como “categorización” […] sino decir: “Pon cosas en grupos, para que todos estos coches, buses y camionetas estén juntos, y en el juego de té, las cucharas, las tazas y los platos deben estar juntos”. Aprendí a usar palabras más simples. Ese libro se escribió a un nivel de lectura de quinto grado.

Esto me permitió pensar: “Sí, podemos ofrecer materiales destinados a personas cuyo nivel de leer o hablar inglés tal vez no sea el de la clase media y formación universitaria”. No quería redactar solamente para revistas en que se usan los términos muy esotéricos que me enseñaron a usar en el trabajo para el doctorado, sino redactar para la gente que entonces diría: “¡Puedo hacer todas estas actividades pequeñas con mis hijos, Dra. Honig, ya que son fáciles y puedo leer todas las palabras!” (Esto es algo que escuché de una señora con un hijo de 5 años que hacía poco había llegado desde Taiwán, quien hacía algunos de nuestros cursos sub-graduados en la Universidad de Syracuse. Le encantaba ese libro, ya que pudo hacer todas las actividades maravillosas en realidad, y su hijo gozó mucho de aprender junto con mamá.)

Aprender a redactar de manera sencilla para la gente común y corriente era un desafío, y muy significativo para mí.

En mis escrituras hablo de “subir y bajar bailando la escalera del desarrollo” en nuestro trabajo para ayudar a niños a aprender. Así que, si una actividad se le hace demasiado difícil a un niño, ¿cómo se ‘baja bailando’ un poco? Si es demasiado fácil, ¿cómo se ‘sube bailando’ para crear una actividad un poco más intrigante? Aprender a redactar de manera sencilla para la gente común y corriente era un desafío, y muy significativo para mí. Cuando redacté junto con el Dr. Lally el libro Infant Caregiving (Cuidado de bebés), esto tenía un nivel de lectura del noveno o décimo grado. Hace un par de años cuando redacté Behavior Guidance for Infants and Toddlers (Maneras de guiar el comportamiento de bebés y niños menores de tres años), me cuidé de redactar capítulos de solo dos o tres páginas. Un padre, madre o cuidador no tiene por qué leer muchas páginas. Se puede hacer copias de varias páginas y usarlas en la capacitación del personal. Algunos de mis capítulos sobre reseñas de la investigación (como capítulos que he redactado sobre los hombres que trabajan en el cuidado infantil o sobre el desarrollo del lenguaje oral) son muy largos, pero mis libros para padres y cuidadores no tienen capítulos de 50 páginas. Cada capítulo de dos o tres páginas en el libro Behavior Guidance ofrece pequeños ejemplos y láminas que ilustran cada sugerencia específica para técnicas positivas de disciplina a usar con bebés y niños menores de tres años.

Intenté seguir este estilo también con mi libro Secure Relationships (Relaciones seguras), que redacté para NAEYC como regalo. (Todos mis materiales publicados por NAEYC, como mi primer libro de Parent Involvement in Early Childhood Education [La participación de los padres de familia en la educación de niños pequeños], han sido regalados a la Asociación Nacional de Educación Infantil.) Era un desafío aprender a escribir explicaciones simples y breves, no todo un tomo, sobre cómo se veía una relación de apego segura o insegura. Aprendí a escribir más breve y concisamente; esto me ayudó muchísimo.

Y usted me preguntó sobre cambios en mi forma de pensar […].

Partiendo de la teoría eriksoniana, yo pensaba siempre que si te interesaras lo suficientemente por la gente y trabajaras con ella, podrías ayudar a despertar su interés y enseñarle maneras pequeñas, maneras nuevas de pensar sobre sus dificultades y de relacionarse con otros cuando hay problemas en la relación. He aprendido a usar mucho las metáforas. A cierto cliente mío le dije: “Te has encontrado en un camino gris a causa del abuso infantil que te ocurrió, el abuso sexual durante tu infancia. Comencemos por el Camino Dorado. Tal vez te cueste mucho tiempo llegar a Oz, pero puedes ver las torres de Oz, y viajarás por el Camino Dorado hacia la Ciudad Esmeralda en vez de este camino gris en que sigues luchando hace tanto tiempo”. Durante años había repetido hábitos dañinos (en interacciones con amigos íntimos) en que dejaba que otros usaran el control y el poder con él; un papel aprendido en el pasado en relaciones dolorosas.

También he aprendido que, sin importar cuánto trabajas, alguna gente piensa que simplemente puede llevarte a un niño con el mensaje: “¡Componga a mi hijo!” Como si algo anduviera mal con su hijo, en vez de algo que necesita sanarse en la relación entre padre e hijo. Si los padres han sido muy mandones y críticos y dan castigos severos y el niño se porta mal en la escuela, opone resistencia a las reglas de la maestra, esto puede tener algo que ver, no con el hijo en sí sino con la relación. Pero cambiar nuestros hábitos siendo ya adultos, ¡nos requiere mucho valor además de sabiduría!

A veces en mi propia labor, he logrado el éxito. Por ejemplo, al enseñar sobre el temperamento. Había cierto niño que enloquecía a su hermana de 10 años. “¡Desde que nació has destrozado mi vida!”— le dijo esta niña de 10 años a su mamá. Pero cuando enseñé a la familia a hablar sobre la personalidad única de cada uno –cosas que te asustan, cosas que te preocupan, cosas que necesitas que te sean explicadas antes de que ocurran– fue increíble. Los cambió a todos. El pequeño, de siete años, aprendió a decir: “Mamá, si vamos a mudarnos de Syracuse, deberás mostrarme esa escuela nueva y presentarme a la maestra. Esa doctora a la que vas, me dijo que necesito mucho tiempo para acostumbrarme a cosas nuevas, así que ¡deberás hacer esto!” Eso me deleitó muchísimo. Los niños nacen con temperamentos diferentes. No siempre nos tocan hijos con quienes sea fácil convivir. Algunos son más miedosos, y otros más irritables o excitables. Hay ciertos padres y madres que encuentran demasiadas dificultades para cambiar. He aprendido a evitar el optimismo excesivo. No se puede sanar a todas las personas, todo el tiempo. […] Simplemente debes hacer siempre lo mejor que puedas.

También he aprendido que aunque las universidades tienen reglas muy estrictas –“Debes ser expulsado si no has terminado tu doctorado a los cinco años o siete años”– he trabajado con algunas señoras (y señores) que tienen familias que cuidar y problemas que surgen en sus vidas. Debemos ser mucho más bondadosos y respaldar a algunos de nuestros estudiantes graduados mediante el e-mail –¡gracias a Dios por el e-mail!– estudiantes que pueden vivir ya en otros estados. Debemos intentar persuadirlos a volver, porque tal vez hayan recogido todos sus datos y debemos ayudarlos, aún 10 años más tarde, a terminar sus estudios. Espero que alguien en esta universidad me escuche en cuanto a esto, ya que algunas reglas me parecen demasiado rígidas e injustas. Las mujeres sobre todo […] y algunos estudiantes hombres con que he trabajado, por poco habían terminado, habían terminado sus exámenes de calificación para el doctorado, pero tenían familias que mantener y tal vez un cónyuge con una condición preocupante del corazón, y nunca terminaron el doctorado. ¿Por qué no somos más bondadosos con las personas?

También he aprendido que al hacer investigaciones con los estudiantes, no siempre se necesitan concesiones enormes. En este ambiente de la recesión, cuando hay tan poco dinero, si los estudiantes se sienten desanimados y necesitan ayuda, a veces simplemente tienes que contar con la buena voluntad de familias o centros de cuidado que te permitan hacer estudios observacionales intensivos y extensos. Puedes tener un programa de investigación bueno que te enseñará todo tipo de cosas nuevas sin necesitar un montón de dinero. Por ejemplo: comencé cierto proyecto enviando a los estudiantes a pasar horas en los centros comerciales para observar atentamente las técnicas usadas por padres y madres al consolar a sus hijos pequeños que estaban llorando en espacios públicos. Otro proyecto trataba de especificar las formas de aprendizaje realizadas en clases de cultura china para los hijos de padres chinos (que hacían estudios graduados en la Universidad de Syracuse) que querían que sus hijos aprendieran más sobre la cultura y la lengua paternas.

ECRP:

¿Cuáles cambios percibe usted como los más significativos en el ámbito desde su entrada en el mismo?

Dr. Honig:

Hay más rigidez. He hablado sobre muchas cosas que actualmente se les prohíbe hacer al personal de centros. Por ejemplo: desde todas las alegaciones de abuso infantil que han surgido en nuestro país –algunas legítimas y otras imaginadas por una mujer psicótica en San Francisco, sabes, que proyectaba el mal hacia los cuidadores– pero sin duda han ocurrido cosas así… he visto que muchas personas en el kindergarten y otros grados tienen miedo de tocar a un niño a causa de lo que ha pasado con las alegaciones de abuso. Necesitamos volver a considerar las reglas. ¡Gracias a Dios que todavía se puede tocar a los bebés! Hay que cambiar pañales y abrazarlos para darles el biberón. Me preocupo que niños pequeños y hasta los mayores tal vez no reciban nunca el amor y los toques cariñosos que tanto necesitan. La investigación demuestra que el tamaño de los cerebros de niños pequeños puede afectarse con la cantidad del juego y los toques cariñosos que experimentan en los primeros años de vida. Así que el toque es un aspecto sumamente importante del cuidado de niños muy pequeños.

Me preocupo que niños pequeños y hasta los mayores tal vez no reciban nunca el amor y los toques cariñosos que tanto necesitan.

Cuando los niños se sienten angustiados, hay que abrazarlos. Hay que mecer y cantar a un niño cuando se le ha ocurrido algo terrible. Lo abrazas, lo meces y le das toques suaves, ya que necesita ser tranquilizado y sentir el toque cariñoso. A veces las tragedias les ocurren a niños muy pequeños. Por ejemplo: una madre fue a nadar muy temprano por la mañana como de costumbre, en una piscina local, y luego llamaron al centro de cuidado y dijeron que se debía decirle a la niña de cuatro años que su madre acababa de ahogarse. Esa niña sufrirá un trauma y depresión terrible durante meses y meses. La niña necesitará muchos masajes tranquilizadores de la espalda a la hora de la siesta, necesitará sentarse mucho en el regazo y ser abrazada mucho para ayudarla a hacer frente a esta pérdida y la pena profunda.

También he visto muchas reglas más rígidas en centros de cuidado. Hace varios años estaba en un centro muy bonito en el sur de los Estados Unidos. Les dije: “¿Qué tal de tener un arenero? No vi ninguno afuera. Tal vez se me perdió”.  “Ah, Dr. Honig— me dijo el inspector— aunque tenemos una cerca de casi dos metros de alto, tal vez un gato pudiera treparla y hacer caca en el arenero, y entonces podría haber enfermedades de la caca del gato.” Así que pensé: Por Dios, ¿no se puede comprar algo ligero, o buscar materiales recién diseñados y ligeros, así que aún si tienes un arenero grande, se lo puede cubrir con materiales que los maestros podrían quitar fácilmente y todavía disponer el arenero para los niños?

Necesitamos la creatividad para mantener seguros a los niños y sin embargo, hallar maneras en que también puedan gozar de actividades hogareñas como experiencias de cocinar.

No se permitía en este centro que los niños ayudaran con la cocina, para nada. ¿Por qué no? ¡Piensa en todo lo que se puede enseñar con la cocina! […] Si usas un sartén eléctrico y quitas la cáscara a una manzana para ver si con cuidado, puedes cortarla más larga (ante todo, enseñas todo tipo de comparativos en inglés: “Esta piel es larga [long], más larga [longer], la más larga [longest]”.) “Y ahora vamos a cortar la manzana en trozos. ¿Cuántos estamos aquí? Ah, somos seis… seis trozos. Bueno, vamos a ver cuántos trozos podemos hacer”, mientras el maestro corta la manzana con cuidado. “Ahora, ¿qué necesitamos echar al sartén para que las manzanas no se quemen?” Y luego puedes comer las deliciosas manzanas, sofritas en mantequilla. ¿No permitir que se cocine nada en un centro?  ¿Qué es eso? Necesitamos la creatividad para mantener seguros a los niños y sin embargo, hallar maneras en que también puedan gozar de actividades hogareñas como experiencias de cocinar.

He aprendido que a veces tenemos demasiadas reglas rígidas. Sí queremos hallar el camino mediano, pero hay mucha latitud para mantenernos cerca del centro; podemos tener principios democráticos y principios del buen desarrollo y cuidado de niños que sin embargo los mantengan seguros. Por supuesto que no dejas a solas a un niño en la mesa para cambiar pañales; ese principio debe mantenerse firme. Pero ¿eliminar el arenero? O ¿prohibir la cocina? Ridículo. Me preocupan las restricciones rígidas como estas.

Me pregunto por qué no percibimos las sensibilidades e interacciones positivas de la crianza y educación de niños como las dádivas que verdaderamente son.

Otra cosa que veo es que en nuestra sociedad no valoramos a los cuidadores. En cierto centro donde yo trabajaba de consultora, un padre con bastante formación académica ¡tiró un pañal mojado a la cuidadora y se quejó que ella cambiaba los pañales de su bebé demasiadas veces al día y que él pagaba por esos pañales! Otro ejemplo: un trabajador de asistencia médica me dijo: “La mujer que cuida a mi bebé de nueve meses… dejó que mi bebé llorara durante dos horas. ¿Qué debo hacer?” Le dije: “Me llamo Dra. Honig y yo sé mucho de estas cosas, y no se deja a un bebé de 9 meses con nadie que deje que un bebé llore durante dos horas.”

Le conté de Child Care Solutions (Soluciones del cuidado infantil), la agencia de recursos y referencias [del cuidado infantil] en nuestra ciudad, cuya directora es Peggy Liuzzi. El personal allí no le dirá cuál guardería u hogar-de-cuidado sea el mejor; las condiciones de sus concesiones y la ley estatal se lo prohíben. […] Pero como padre o madre, se puede ir a observar un centro de cuidado. El padre con quien hablaba me preguntó: “¿Pero qué debo buscar?” Así que recogí algunos materiales que yo había publicado sobre la manera de buscar el cuidado de buena calidad, y se los llevé a su lugar de trabajo. Este padre sí que buscó y halló un programa alternativo de cuidado.

Pero me parece que en nuestra sociedad no valoramos suficientemente la labor de los cuidadores. El padre cuya cuidadora dejaba que su bebé llorara durante dos horas me dijo: “Necesito encontrar a una niñera mejor”. ¿Qué significa esto sobre los valores de esta cultura, que una persona informada sobre el desarrollo infantil que cuida a niños pequeños sea considerada como una “niñera”?  ¿Qué significa que pensamos sobre el cuidado de niños? Una “niñera” es alguien, a lo mejor un adolescente, que tiene poca capacitación en desarrollo y educación infantil.

Por supuesto que sí creo que algunas personas son superdotadas aún sin haber estudiado, así como algunos son dotados con capacidades musicales o artísticas. En el sótano de una iglesia, en nuestro Centro para Niños, había una cuidadora designada para cuatro bebés. Si una de nosotras estaba cambiando un pañal, otra estaba dando de comer a un bebé y otro empezaba a llorar, la señora mayor que lavaba el piso del corredor y hablaba un inglés más chapurreado que claro dejaba el trapeador en el cubo, se limpiaba las manos, entraba y mecía al bebé que lloraba. Dios la bendiga. Ella sabía qué hacer. Tenía un talento para fomentar el desarrollo de niños. Pero ¡me pregunto por qué no percibimos las sensibilidades e interacciones positivas de la crianza y educación de niños como las dádivas que verdaderamente son!

¿Cuántos políticos del Congreso saben que tendríamos que pagar muchos menos miles de millones de dólares por nuestras prisiones si hiciéramos más por la educación infantil?

He visto situaciones estresantes, en que los padres tratan a un cuidador como a un sirviente en vez de “esta persona maravillosa que cuida a mi pequeño… le lee, hace ‘conversaciones’ con él, lo cuida y le da masajes, lo ayuda a sentirse como una personita creciente, maravillosa y linda. Qué afortunado soy, que puedo ir a vender acciones y bonos mientras esta persona cuida amorosamente a mi hijo”.

¿Cuántos políticos del Congreso saben que tendríamos que pagar muchos menos miles de millones de dólares por nuestras prisiones si hiciéramos más por la educación infantil, tuviéramos más capacitación de alta calidad y pagáramos para apoyar la capacitación en el cuidado de alta calidad por el personal de cuidado infantil? Nuestra investigación en el Programa de Investigación del Desarrollo Familiar (FDRP) indicó que los adolescentes que habían asistido al programa de preescolares tenían tasas significativamente menores de convicciones de delincuencia juvenil e infracciones graves en comparación con los jóvenes del grupo de control, y tasas significativamente menores de reincidir en la delincuencia. Estos resultados representan ahorros significativos para la sociedad: ¡un programa que evita que la gente entre en el sistema de justicia criminal!

Yo quisiera ver […] un movimiento fuerte de respeto por el cuidado infantil de buena calidad, y la inversión de mucho más dinero en el apoyo por dicho cuidado de calidad. Este año el gobierno rescató las compañías automotrices –no digo que no lo debieran haber hecho– ¿cuántos miles de millones de dólares? Y sin embargo, no gastamos miles de millones, ¿verdad? Ni siquiera millones en la capacitación de alta calidad para maestros de niños pequeños.

¡Solo el 8% del cuidado de bebés y niños menores de tres años en los Estados Unidos es de alta calidad! Esto es espantoso, y me preocupa ya que somos la nación más poderosa y acaudalada en la Tierra, a pesar de nuestro declive económico actual. Creo que necesitamos cambiar nuestra forma de pensar sobre lo que nuestra nación necesita invertir en el cuidado de niños de alta calidad. Necesitamos darnos cuenta: “¡Oye, ahorraremos mucho dinero en las prisiones! Mira, ahorraremos mucho dinero en los litigios, si educamos con amor a nuestros hijos para que desarrollen relaciones seguras de apego, habilidades pro-sociales buenas, un lenguaje rico con un amor por los libros, y una pasión por aprender temprano en la vida, estimulada por la curiosidad innata y los intereses de cada niño.”

En nuestro Centro para Niños, si usted como adulto de aspecto amistoso hubiera entrado al salón con una sonrisa, un niño pequeño se le habría acercado tambaleándose con un libro, tal vez sosteniéndolo al revés. Usted se veía como una persona desconocida pero amable que podría sentar al niño en un regazo generoso y leerle ese libro. Esto me encantaba en nuestros maestros; sabían inculcar a pequeñuelos un amor por los libros, muy temprano en la vida. Necesitamos fomentar esa pasión por los libros en los centros para bebés. Hice una investigación con uno de nuestros estudiantes doctorales sobre la cantidad que se leía a bebés en centros de clase media en el Condado Onondaga cuando estaban despiertos y habían comido. Estoy segura que usted no podrá adivinar cuánto duraba un episodio de lectura: ¡menos de un minuto y medio! Y prácticamente nadie leía a niños menores de 13 meses. Curiosamente, a los niñitos mayores no se les leía durante periodos más largos que a los más pequeños. Pero algunos niños de esta edad pueden sentarse en su regazo durante media hora o más, absortos en el libro ilustrado que comparte con ellos. Estos datos revelan que tenemos mucho trabajo que hacer para capacitar a cuidadores.

También necesitamos pensar más detenidamente sobre nuestro sistema de valores al evaluar las contribuciones cívicas de cuidadores y padres. ¿Cuántos padres y madres que se quedan en casa se sienten valorados por otros ciudadanos por la calidad del trabajo que hacen o los ingresos que renuncian a fin de cuidar tiernamente a sus pequeños a todas horas del día?

ECRP:

Entre los desarrollos en el ámbito, ¿cuáles percibe usted como algunos de los más prometedores?

Dr. Honig:

Me encantaba cuando el Dr. Berry Brazelton tenía concesiones para capacitar a pediatras en desarrollo infantil en Boston. Pero no sé si este programa existe todavía. Un desarrollo prometedor debe ser el de persuadir a personas profesionales para que hagan cursos de desarrollo infantil si quieren hacerse abogados, pediatras, enfermeros o jueces. O si quieren ser directores de escuelas donde habrá niños de kindergarten integrados a las clases regulares pero que todavía funcionan a un nivel de desarrollo de niños mucho menores.

Queremos que todos los niños tengan la mejor educación posible, pero algunos de nuestros niños de cinco años que van a la escuela pueden todavía funcionar cognitiva o socialmente al nivel de niños menores en cuanto a su desarrollo intelectual. Contemplé cuando una maestra en una escuela para niños con retrasos mentales se puso furiosa con un niño de siete años, más o menos, ya que éste había tirado todo el papel higiénico en el baño y lo había echado a todas partes. Ella lo había dejado a solas por un rato allí sin darse cuenta que, a pesar de su tamaño, este niño tenía un funcionamiento mental en más o menos el nivel de un niño de uno o dos años y que necesitaba la presencia y el apoyo de un adulto para mantener el autodominio, mantenerse organizado y portarse en forma apropiada con el rollo de papel higiénico.

Algunos niños tal vez no hayan desarrollado una relación segura de apego con su padre o madre, así que pueden necesitar relacionarse mucho más, individual y cariñosamente, para ser socializados en el kindergarten. Un superintendente de un distrito escolar en un estado del Medio Oeste me dijo una vez: “Llamamos a ustedes del ámbito de desarrollo infantil como consultores ya que yo fui capacitado como administrador escolar, y no tengo la menor idea sobre lo que pasa con el desarrollo infantil en el kindergarten ni las clases de los primeros grados, en cuanto a sus necesidades”. Me parecía que esa persona era muy honrada y sincera.

Cuando tenemos un declive económico, ¿de dónde vienen las primeras reducciones en el presupuesto gubernamental? De los servicios para niños pequeños, la atención médica para los más necesitados, los programas de extensión para instruir a padres y madres. El gobernador de California dijo recientemente que le parte el corazón cuando le dicen que no pueden soportar lo que pasará con aquellos servicios que se necesitan tan desesperadamente. ¡Yo sugiero que aumentemos los impuestos! No para financiar la maquinaria militar que no se necesita y se compra a precios escandalosos; pero aquellos ciudadanos de la clase media deberían volver a considerar el deseo por un coche muy caro, y en vez de esto considerar estar dispuestos a pagar más impuestos a condición de que dichos impuestos financien programas que ofrezcan más cuidado de calidad para niños pequeños. Desafortunadamente, durante los declives económicos, lo primero que dicen los políticos que eliminarán son programas para los más necesitados en nuestra sociedad, sobre todo los niños pequeños y las familias.

Otro cambio que deseo ver es mucho más programas de extensión para los padres y madres de todo nivel social, para enseñarles más sobre ayudar a niños pequeños a aprender. Una mamá de clase media me dijo cuando estaba leyendo yo un cuento: “¿Cómo hizo usted eso?” Le dije: “¿Cómo?” Me dijo: “Usted agregó muchas palabras como ‘Por favor’ y ‘Gracias’ y ‘¿No fue maravilloso que él me hiciera eso?– dijo Tortuguita.’ ¡Eso no viene en el libro!” Y le dije: “No, pero usted es la encargada de un libro cuando le lee a un niño pequeño, hasta que él empiece a leer; y luego lo leerá así como está escrito. ¡Usted es la que tiene el mando con un libro! Así que puede agregar todas las palabras bondadosas y cariñosas.” Pero no podremos enseñarles estas habilidades a los padres y madres a menos que tomemos las decisiones políticas para dedicar fondos a programas de extensión para padres primerizos.

Usted me preguntó sobre lo que veo como cambios positivos ahora y, desafortunadamente, lo que veo es que vamos a reducir presupuestos de programas que no deben tener reducciones…. Esto es algo que yo quisiera que no estuviera pasando.

Al lado positivo, veo muchos más programas locales comunitarios que se esfuerzan mucho por colaborar con los padres y madres, por ejemplo, colaborando con hospitales que dan de baja a mamás con recién nacidos, u ofreciendo capacitación de bajos costos a cuidadores mediante agencias de recursos y referencias.

Trabajos actuales y futuros

ECRP:

¿En qué va a trabajar luego?

Dr. Honig:

Actualmente intento atraer a aquellos estudiantes graduados que dejaron los estudios hace diez años pero sí han recogido sus datos, y sé que los datos son muy ricos en información. Espero profundamente que se pueda animarlos a completar sus títulos de maestría o sus doctorados. Hace un año ayudé a una de tales estudiantes a completar su maestría en ciencias después de haber dejado durante muchos años sus estudios graduados. Ella había compilado narraciones fascinantes de los sueños de niños preescolares que cuidaba en un centro de educación infantil.

También espero con gozo la publicación este otoño de mi libro nuevo, Little Kids, Big Worries: Stress-busting Tips for Teachers (Niños pequeños, ansiedades grandes. Consejos para maestros sobre el manejo del estrés), con Brookes Publishers. No solo el declive económico actual ocasiona más estrés a las familias, sino también tenemos tasas muy elevadas de divorcio en nuestra cultura, lo que no veíamos hace 50 años. También hay proporciones muy altas de padres y madres de familias en que los dos adultos llevan carreras profesionales, y se esfuerzan muchísimo por triunfar en todas áreas de la vida: en el empleo, en la crianza de sus hijos, y en la comunidad. Así que el estrés les puede preocupar a los niños. A veces se paga. Por ejemplo, cierto matrimonio me dijo: “¡Tenemos que acostar a los niños temprano, ya que nos despertamos a las cinco de la mañana para ir al trabajo!” Pero sus hijos realmente necesitan más tiempo con los padres, así que a veces los niños se portan mal, están malhumorados o se muestran hoscos. Necesitan relacionarse íntimamente durante más tiempo con su padre y su madre.

Lo que me gustaría hacer es servir de mentora a más estudiantes. El último año colaboré con estudiantes chinos que salían a la comunidad de inmigrantes chinos cuyos hijos aprenden el inglés; para hallar más sobre lo que pasa cuando los hijos de padres inmigrantes empiezan a querer hablar más del inglés y sus padres quieren mantener la importancia de ambas culturas en las vidas de sus hijos. Esto me interesa mucho, y he presentado para publicación dos artículos sobre estos temas. China es una nación enormemente importante en este mundo. Todos mis estudiantes asiáticos han sido muy preciosos para mí, ya que en la cultura en que me crié se respetaba a los ancianos, se valoraba mucho el aprender, y los niños se consideraban muy preciosos. Las culturas confucianas tienen esas mismas creencias como la cultura judía en que me crié. Así que me siento muy allegada a mis estudiantes de las culturas asiáticas, y si puedo hacer más para ayudarlos a hacer sus investigaciones, basadas éstas en el trabajo dentro de sus grupos culturales, me gustaría hacerlo.

Podemos gozar de cuidar y orientar a la siguiente generación; sea en nuestras propias familias, o entre nuestros estudiantes, o personas antes desconocidas que entran a nuestras vidas…

Espero que pueda seguir presentando el Taller Nacional de Calidad en el Cuidado de Niños Menores de Tres Años (National Quality Infant/Toddler Caregiving [QIC] Workshop) en la Universidad de Syracuse. Hace poco esta primavera (de 2009), Holly Brophy, una de mis estudiantes anteriores, accedió al puesto de Reilly Distinguished Lecturer como parte del taller. La primavera del próximo año sería el año 34º. Me encanta presentar ese taller.

Las maneras de seguir inspirada

ECRP:

¿Tiene algunos pensamientos que quisiera describir para cerrar?

Dr. Honig:

Ahora que entro a los últimos años de la vida (ya cuento más de 80 años de edad), me he dado cuenta que somos muy humanos, ya que realmente fracasamos intentando alcanzar algunos de nuestros sueños primerizos. No seremos nunca los padres perfectos (¡ni tampoco fuimos los hijos perfectos para nuestros padres hace mucho tiempo!). A veces necesitamos perdonarnos a nosotros mismos cuando estamos de malas y luego levantarnos de lo que parece el ‘cuadrilátero’ de la vida para seguir adelante e intentar ser nuevamente la persona que realmente queremos ser.

Lo que podemos hacer para mantener el entusiasmo por la vida es guardar una curiosidad eterna para seguir aprendiendo. (El último mes volví a leer dos veces un libro nuevo, The Brain That Changes Itself [El cerebro que se cambia a sí mismo], y estoy aún más emocionada sobre la plasticidad del cerebro y lo que significa para la curación de personas ancianas y para niños que han sufrido el descuido o el abuso.) Podemos gozar de cuidar y orientar a la siguiente generación; sea en nuestras propias familias, o entre nuestros estudiantes, o personas antes desconocidas que entran a nuestras vidas, a quienes nuestros gestos pequeños de aliento les significan mucho. (Una vez di un discurso acerca de hacer acciones bondadosas al azar.) Podemos llenar la copa de alegría de nuestras almas con las bellezas indescriptibles de la naturaleza, sea una flor nueva que se abre esta mañana en el jardín con colores gloriosos o un pajarito que goza del alpiste que le disponemos, o el patrón de los árboles reflejados en el agua tranquila de un estanque en un parque.

Con el paso de los años, también gozo de leer más libros sobre la fe y el desarrollo espiritual que me ayudan a pensar más profundamente sobre la manera de vivir en armonía con la Bondad.

Aprender, dar, perdonarnos a nosotros mismos así como a otros (¡y escribirles mensajes electrónicos a legisladores para animarlos a apoyar programas sociales importantes!)—estas actividades pueden mantenernos ocupados y nos ayudan a arraigarnos más en lo fundamental de la vida, para hacer lo mejor que podamos hasta el mismo fin del tiempo que pasamos en la Tierra.

Nota

*Traducción de Gerardo Gambolini; http://ustedleepoesia2.blogspot.com/2009/07/la-cancion-de-amor-de-alfred-j-prufrock.html

Bibliografía seleccionada

La siguiente lista incluye obras por autores a quienes la Dra. Alice Sterling Honig menciona en la presente entrevista, así como sus propias obras a las que se refiere. Para encontrar una lista más cabal de las publicaciones de laDra. Honig, vea http://humanecology.syr.edu/site/Faculty%20CVs/CFS/biblio2008italics.pdf.

Brophy-Herb, Holly E., & Honig, Alice Sterling. (1999). Reflectivity: Key ingredient in positive adolescent parenting. Journal of Primary Prevention, 19(3), 241-250.

Caldwell, Bettye. (2002). The educare of children in the twenty-first century. In Joao Gomes-Pedro, J. Kevin Nugent, J. Gerald Young, & T. Berry Brazelton (Eds.), The infant and family in the twenty-first century (pp. 189-201). New York: Brunner-Routledge.

Caldwell, Bettye M.; Mozell, C.; & Honig, Alice Sterling. (1966, September). The Implicit Parental Learning Theory. Paper presented at a symposium on research from the Syracuse Children’s Center at the annual meeting of the American Psychological Association, New York.

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