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Vol. 10 No. 2
©Derechos de autor reservados 2008

Cuestiones del cuidado dental de familias inmigrantes africanas con hijos preescolares

Cecilia S. Obeng
Universidad de Indiana

Sinopsis

En el presente artículo se examinan cuestiones de la salud dental con respecto a familias inmigrantes africanas con hijos de edad preescolar que residen en los Estados Unidos. El estudio se realizó con las técnicas de investigación narrativa e impresionismo etnográfico. Mediante entrevistas personales y la compleción de cuestionarios, 125 padres y madres con hijos de entre 3 y 5 años de edad contestaron preguntas que revelaron maneras en que sus culturas influían en sus decisiones acerca de llevar a sus hijos preescolares a dentistas para revisiones dentales profesionales y la frecuencia con que sus hijos visitaban a dentistas. Los resultados del estudio manifestaron una tasa baja de aprovechar las clínicas dentales entre estos inmigrantes. En particular, a algunos niños preescolares sus padres rehusaban permitirles el acceso al cuidado dental profesional a causa de las creencias de los padres sobre la salud dental (por ejemplo, que no hacía falta que los niños vieran a un dentista porque sus dientes de leche serían remplazados por dientes adultos permanentes). Se recomienda la instrucción de familias inmigrantes sobre la necesidad de buscar ayuda profesional para atender la salud dental.

Introducción

Según el informe del Cirujano General, publicado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (2000), las caries dentales representan una de las enfermedades crónicas más comunes de la infancia; son 5 veces más comunes que el asma. El informe indica que la enfermedad oral tiene un impacto considerable en los niños y que cada año se pierden más de 51 millones de horas de asistencia a la escuela a causa de enfermedades dentales. Señala además que “los niños pobres experimentan casi 12 veces más días de actividad restringida que los niños de familias con mayores ingresos” (pág. 2). Se enfatiza también que “el dolor y el sufrimiento ocasionados por las enfermedades no tratadas pueden producir problemas para comer, hablar y prestar atención a la instrucción” (pág. 2).

En vista de la gran envergadura del impacto adverso de la enfermedad dental en la salud y la instrucción de los niños, no sorprende que la Academia Americana de Pediatría (2003), en su declaración sobre maneras de mejorar la salud de todos los niños, pide que los niños “empiecen a recibir evaluaciones del riesgo para la salud dental para los 6 meses de edad por un pediatra calificado o un profesional calificado de atención médica pediátrica” (pág. 1114). También en esta declaración se pide la atención minuciosa a factores importantes que afectan la salud dental de las familias, tales como las prácticas dietéticas, la exposición al fluoruro y la utilización de servicios dentales, entre otros.

A pesar del impacto considerable de la enfermedad dental en la salud y el bienestar general de los niños preescolares, existe poca investigación sobre la salud dental de tales niños en la literatura sobre la salud oral. Entre las pocas publicaciones existentes se halla la obra de Du, Luo, Zeng, Alkhatib y Bedi (2007), quienes realizaron una investigación transversal en una muestra representativa de niños chinos preescolares de entre 3 y 5 años de edad para determinar la prevalencia y la severidad de las caries en la dentición primaria. Los autores descubrieron que más de la mitad –el 55%– de los niños preescolares tenían caries, y que el 14% las tenían en abundancia. Respecto a la frecuencia de la limpieza de los dientes, los autores aprendieron que los niños preescolares de zonas urbanas se cepillaban los dientes de forma más regular y tenían menos experiencias de caries que aquellos de zonas rurales. Tales factores como la edad, el lugar de residencia y el grado de formación académica de la madre, entre otros, eran los factores más significativos de predicción de las caries entre los niños preescolares. Asimismo, tanto el nivel social-económico de sus familias como los factores de la dieta afectaban la frecuencia y la severidad de las caries.

Con respecto a las percepciones paternas de la salud oral de los niños preescolares y el impacto de la misma en la calidad de vida de los niños, Pahel, Rozier y Slade (2007) hallaron que la calidad de vida relacionada a la salud oral de niños de edad preescolar y sus cuidadores podía hallarse afectada negativamente por las experiencias de los niños con la enfermedad dental y el tratamiento de la misma. Según indicaron los autores, la calidad de vida de los niños es afectada por la percepción de sus padres de la salud general y la salud oral de sus hijos. En particular, descubrieron que la peor calidad de vida estaba asociada significativamente a tasaciones mediocres o pobres de parte de los padres sobre la salud general y oral de su hijo y a la presencia de enfermedad dental en éste.

En relación con el provecho del cuidado dental entre los inmigrantes de varias zonas del mundo, Lai y Hui (2007), además de Edwards y Watt (1997), han demostrado mediante sus investigaciones que los inmigrantes tienen tasas bajas de recibir el cuidado dental. Por ejemplo, en su estudio de gitanos viajantes en East Hertfordshire (Inglaterra), Edwards y Watt (1997) descubrieron que, aunque la cultura de los participantes encuestados no les impedía recibir el cuidado dental, tenían un nivel elevado de necesidad que no se satisfacía, tasas bajas de registrarse para recibir el cuidado dental y muy poca utilización de servicios de prevención, ocasionados por la residencia de los gitanos viajantes en sitios temporales y sin autorización, entre otros factores.

La obra de Lai y Hui (2007) acerca de los inmigrantes chinos en Canadá también reveló tasas bajas de recibir el cuidado dental entre los inmigrantes. Específicamente, hallaron que aproximadamente el 52% de los inmigrantes recién llegados no utilizaban ningún servicio de cuidado dental. Descubrieron que los períodos más largos de residencia y el apoyo social fuerte, entre otros factores, aumentaban la posibilidad de utilizar servicios dentales entre la población encuestada. Lai y Hui notaron que para fortalecer la promoción de la salud oral, es importante tomar en consideración las características culturales y las experiencias previas de los inmigrantes.

En cuanto a la salud oral de inmigrantes africanos residentes de los Estados Unidos, existe muy poca investigación (Beveridge, 2006; Graham, Domoto, Lynch y Egbert, 2000; Lopez, Wadenya y Berthold, 2005), la cual se enfoca en su mayoría en refugiados somalíes. Ninguna de las susodichas publicaciones ha explorado de manera significativa la salud oral de niños de edad preescolar. Por lo tanto, con la presente monografía se procura cerrar esta brecha. El primer objetivo es examinar la influencia de las culturas de los padres de familia inmigrantes en las decisiones acerca de llevar a sus hijos de edad preescolar a dentistas para revisiones dentales profesionales. El segundo objetivo es explorar la influencia de las culturas de los padres de familia en las prácticas de limpieza dental de sus hijos.

Cimientos teóricos del estudio

El presente estudio emplea múltiples teorías para descubrir cómo la cultura de los participantes motivaba sus decisiones sobre el cuidado dental de sus hijos. Las dos teorías que informan los análisis son (1) la investigación narrativa (Clandinin y Connelly, 2000; Schwandt, 2001) y (2) el impresionismo etnográfico (van Maanen, 1988). La investigación narrativa implica generar y analizar las narrativas de los encuestados sobre sus experiencias relacionadas a la salud oral de sus hijos (véase Lewis-Beck, Bryman y Liao, 2004). Como Clandinin y Connelly (2000), aceptamos como axiomático el que las experiencias de los participantes deberán constituir el punto de partida y/o el fundamento de nuestra investigación. Puesto que las experiencias y las expresiones se informan una a la otra, anticipamos que las historias narradas por los participantes ayuden a informar al lector sobre las vivencias reales de los mismos. Tales vivencias dan una impresión de intensidad ya que nacen de las historias personales y sociales de los participantes (Clandinin y Connelly, 2000). También se percibe que el contenido de las narrativas de los participantes y su manera de contarlas tienen la capacidad de dar un cuadro acertado del motivo o los motivos de sus percepciones sobre las necesidades dentales y el cuidado dental de sus hijos, y las decisiones o acciones que tomen o hayan tomado al respecto (Polkinghorne, 1988).

También se emplean en el presente estudio varios aspectos del impresionismo etnográfico de van Maanen (1988). Específicamente, se presentan las narrativas de los participantes con la mayor información posible sobre sus contextos y se cimientan las conclusiones de la investigación sola y completamente en las respuestas, afirmaciones y declaraciones de los participantes de la investigación. Al colocar las respuestas de los participantes en su mundo real, se ayuda a que los lectores comprendan por qué los participantes tomaron ciertas decisiones y los factores que los motivaron a tomarlas; este método ayuda a evitar las ideas y/o interpretaciones equivocadas sobre las acciones sociales de los participantes.

Antes de presentar las secciones de resultados y de discusión, estimamos como esencial una discusión de la noción de la cultura en vista de su gran importancia para el presente estudio. En particular, puesto el impacto considerable de la cultura de los participantes en sus respuestas a los cuestionarios y las preguntas de las entrevistas –y más especialmente, en las decisiones que tomaron respecto a la salud dental de sus hijos–, es importante examinar en términos prácticos nuestra definición de lo que, a nuestro parecer, constituye una cultura.

Primero y ante todo, es importante enfatizar que hay tantas definiciones de la cultura como los eruditos que se valen de la misma como concepto operativo o teórico. Cada definición guarda una relación íntima con la comprensión o la percepción de los eruditos sobre los varios componentes de la cultura. Un tema común entre todas las variadas perspectivas es que la actividad humana está entretejida con su cultura y constituye la médula de la misma. Específicamente, se percibe la cultura como el modo de vida de un pueblo; los códigos de comportamiento social, el vestido, el idioma, la religión, los ritos, las normas de conducta y sistemas de creencias. Tylor (1974), antropólogo social, expresó concisamente que la cultura incluye el conocimiento, las creencias, el arte, las morales, la ley, las costumbres y todas las demás capacidades o prácticas de los integrantes de una sociedad.

Para eruditos como Geertz (1973) y Turner (1967), los símbolos constituyen o cimientan la definición de la cultura. Según indican Geertz y Turner, los símbolos son las prácticas de integrantes de la sociedad junto con el contexto que da significado a tales prácticas. La perspectiva simbólica hacia la cultura fue explicada cabalmente por Cohen (1985), quien señala que gracias al simbolismo la cultura puede ser posible, reproducible y comprensible. También nota que los símbolos tienen significado, permiten que los integrantes del grupo se comuniquen y se entiendan, y aportan la regularidad, la unidad y la cualidad sistemática a las prácticas de un grupo; esta idea fue explicada también por Bourdieu (1977).

Al discutir la cultura africana y su influencia en los puntos de vista de los participantes sobre el cuidado dental de sus hijos, se enfoca la atención en el presente estudio sobre las percepciones de los inmigrantes africanos sobre el cuidado dental, según estos mismos las expresaban. Por lo tanto, tomamos en serio tales expresiones como "En África, la gente piensa que." o "En mi tierra natal africana, creemos que." ya que tienden a revelar lo que los participantes de la investigación consideran como su modo de vida normal y la forma común de actuar, su sistema de creencias o lo que perciben como maneras apropiadas o inapropiadas de ver las cosas. También tomamos en consideración las acciones sociales o prácticas relacionadas al cuidado dental de los participantes, y su manera de interpretar tales acciones sociales y prácticas.

Método

Sitio de investigación

Los datos del presente estudio se recogieron en los estados de Indiana y Virginia. Una mayoría de los encuestados (el 70%) residía en Indiana. Los participantes fueron reclutados mediante la técnica del muestreo acumulado e intencional (purposeful sampling en inglés) (Salganik y Heckathorn, 2004; Heckathorn, 1997; Patton, 1990). Se decidió realizar la investigación en Indiana por motivos de conveniencia, ya que tanto la investigadora principal como su ayudante de investigación graduada residían en Indiana al momento de llevar a cabo la investigación. Se escogió Virginia como sitio de investigación ya que una cantidad grande de inmigrantes africanos reside en las zonas centrales de ciudades grandes en dicho estado. La investigadora principal y su ayudante de investigación también conocían personalmente a algunos de los inmigrantes encuestados para el estudio.

Preguntas de investigación

A continuación se presentan las preguntas principales que se les plantearon a los participantes para recoger los datos:

Se les plantearon a los participantes preguntas tanto abiertas como cerradas. Las preguntas cerradas ayudaban a medir cuantitativamente las decisiones de los participantes y sus perspectivas hacia ciertas cuestiones en particular. Con las preguntas cerradas, se requería que los participantes escogieran entre múltiples respuestas posibles. Los resultados de las preguntas cerradas se discuten en Obeng (2007). Los resultados de las preguntas abiertas constituyen la base del presente estudio cualitativo. Las preguntas de la entrevista oral incluyen algunas que requerían que los participantes clarificaran sus declaraciones y/o los motivos de sus respuestas a los cuestionarios. Con algunas preguntas también se pidieron explicaciones de las acciones sociales de los participantes y sus percepciones sobre la salud oral de sus hijos.

Procedimiento

Después de recibir la aprobación del Comité de Revisión Institucional de la Universidad de Indiana, las investigadoras contactaron a participantes posibles personalmente o mediante llamadas telefónicas. Después de firmar de forma voluntaria formularios de consentimiento, los participantes de la encuesta completaron un conjunto de cuestionarios, los cuales tardaron aproximadamente 20 minutos en completar. Los participantes completaron el cuestionario independientemente y en el momento que les resultaba más conveniente, sin ninguna intrusión de la investigadora ni de su ayudante. Después de completar los cuestionarios, algunos participantes aceptaron ser entrevistados. Las entrevistas se llevaron a cabo en las residencias de los participantes para que se sintieran más a gusto. Cada entrevista duró hasta 30 minutos.

Codificación y análisis de datos

La codificación de los datos implicaba agrupar en dos categorías los extractos y expresiones similares de los participantes. Las dos categorías se definían según las preguntas de investigación tratadas en el estudio. La autora y un colega que se ofreció de ayudante voluntario trabajaron por separado para identificar las expresiones similares y agruparlas bajo el mismo tema. Se realizó una discusión para lograr que ambos codificadores convinieran en las categorías identificadas.

Los datos analizados se extraen de las preguntas abiertas de los cuestionarios y de las entrevistas. Ya que las respuestas en los cuestionarios tendían a ser breves y a menudo poco explícitas y poco detalladas, decidimos utilizar datos de las entrevistas para explicar con más detalle las respuestas apuntadas en los cuestionarios. Por lo tanto, las respuestas en las entrevistas apoyaban en cierta medida las respuestas de los cuestionarios. En el análisis del presente estudio, por lo tanto, las expresiones de los participantes durante las entrevistas se citan al pie de la letra para apoyar las conclusiones sacadas.

Resultados

Se les repartieron 620 cuestionarios a los participantes. Se devolvieron 545 de estos, para una tasa de devolución del 87,8%. Entre los 545 padres de familia que devolvieron su cuestionario, 125 fueron escogidos para el presente estudio porque habían indicado en el estudio mayor (Obeng, 2007) que tenían hijos de edad preescolar.

Datos demográficos de los participantes

Los participantes informaron que eran de 13 países africanos, con la gran mayoría –el 72,8%– oriundos de África occidental. Una gran proporción de los padres de familia (57) indicaron que tenían niños de 3 años. Veintinueve participantes informaron de tener hijos de entre 3 y 4 años, y 28 indicaron que tenían hijos de entre 4 y 5 años. Once participantes indicaron que tenían hijos de entre 5 y 6 años. La edad promedia de los hijos de los participantes era por lo tanto una de 4,5 años (véase la Tabla 1 a continuación).

Tabla 1
Distribución de edades de los niños
Cantidad de participantes Edad de los hijos
57
3
29
3-4
28
4-5
11
5-6
Total = 125
Edad promedia = 4,5 años

Revisiones dentales profesionales

Con respecto a las perspectivas de los participantes acerca de llevar a sus hijos a un dentista profesional, aprendimos al examinar las respuestas a los cuestionarios que el 82% de los encuestados creían que no hacía falta que un niño pequeño visitara al dentista ya que era muy posible que niños de estas edades contrajeran enfermedades en la oficina del dentista. Los padres indicaron que en sus culturas las caries dentales no se perciben como una enfermedad que afecte de forma permanente a los niños preescolares. Algunos participantes creían que los dientes adultos permanentes remplazarían los dientes de leche conforme los niños iban creciendo; consideraban por lo tanto que se perdería el dinero llevando a niños tan pequeños al dentista para una limpieza dental profesional. Así es que la creencia cultural de los padres de familia sobre las caries influía en su decisión de no llevar a sus hijos al dentista.

Varios encuestados (el 48%) informaron que a sus hijos nunca les había revisado los dientes ningún dentista. El 30% indicó que sus hijos de edad preescolar visitaban al dentista una vez al año y otro 7%, que a sus hijos les revisaban los dientes dos veces al año. El 15% no sabía que el servicio existía. Estos hallazgos sugieren que las culturas de los encuestados afectaban profundamente sus decisiones sobre si era importante llevar a sus hijos al dentista. Un padre encuestado con un hijo de 4 años expresó lo siguiente durante la entrevista:

En África no vas al doctor a menos que estés enfermo. En realidad, la gente pensará que estás loco si vas al dentista para una revisión ordinaria. Aun si tuvieras un dolor de dientes, comprarías un medicamento sin receta. En los pueblos la gente ni sabe de los dentistas. No han visto nunca antes a un dentista. Hay personas que saben extraer un diente; no tienen capacitación dental del Occidente. Simplemente saben sacar un diente malo. Si le dices a alguien que vas a una clínica para que te revisen los dientes o los limpien, te dirá que eres un tonto perezoso que tiene dinero para malgastar. Hagamos frente a la verdad: ¿irás al médico si no estás enfermo? No hay suficiente dinero para las necesidades básicas; ¿por qué malgastar el poco dinero que hay? Sí, te cepillas los dientes, pero no vas al dentista sólo por gusto. Aquí en los Estados Unidos tienes que cuidarte porque hay muchas enfermedades peligrosas que puedes contraer al ir al dentista. No hay por qué arriesgar la vida de tu hijo llevándolo al dentista si no tiene problemas con los dientes.

Otro varón encuestado, quien no veía la necesidad de llevar a su hija a visitar al dentista, señaló lo siguiente:

¿Acaso vas a la tienda para comprar medicina si no estás enfermo? ¿O vas a comprar la droga solo si te sientes mal? Aquí juegan juegos con el dinero. Si llevas al niño y no hay problema, te dirán que hay algún problema para que te cobren dinero y te hagan volver. En mi país no malgastamos el dinero. Hay muchísima gente que necesita ayuda. Vamos al médico solo si estamos enfermos. En cuanto al dentista, a menos que tengas, digamos, una enfermedad de las encías o algún diente torcido y quieres que te lo extraigan, no visitas al dentista. Es muy insólito ir para una revisión como hacen aquí. ¿Por qué se haría? Sé que aquí en los Estados Unidos a veces hacen una revisión gratuita para los niños; con eso basta. No creo que sea necesario llevarla a ver un dentista otra vez. Necesitamos llevar el dinero a casa, que de otro modo dirán que somos unos inútiles.

Un encuestado que llevó a su hijo a ver al dentista, aunque el niño no tenía ningún problema dental aparente, indicó lo siguiente durante su entrevista:

Todos sabemos que la prevención es mejor que la curación; por eso a veces llevo a mi hijo al dentista para una revisión. No lo hago de forma regular porque es muy caro y no hay dinero, pero hago cuanto pueda. Yo sé que no encontrarán ningún problema con sus dientes pero si no lo hago, mi esposa dirá que soy un tacaño o que no me intereso por mi hijo. Yo conozco a mi mujer; si quiero tener mi paz mental, tengo que hacerle caso a veces. A los amigos de nuestro hijo les pusieron frenillas, por lo que él también las quería. Afortunadamente, el dentista le dijo que no las necesitaba. Todas estas cosas exigen dinero, pero la gente no sabe. El seguro mismo es muy caro, pues oramos siempre que no nos enfermemos ni tengamos problemas con los dientes. La vida es difícil en los Estados Unidos, pero la gente no sabe. Y al dentista, sí, llevo a mi hijo a veces pero no siempre.

Con respecto a aquellos que no sabían del servicio dental, los datos del cuestionario indicaban que la mayoría llevaba menos de dos años viviendo en los Estados Unidos. Solo el 2% de las personas en esta categoría indicaron que llevaban más de dos años en los Estados Unidos. Asimismo, algunos encuestados tenían varios trabajos con el sueldo pagado por hora y no tenían amigos que supieran de tales servicios; por lo tanto, no tenían ninguna oportunidad de aprender que existían. Un encuestado que no sabía del servicio señaló lo siguiente:

Llevo al menos un año y algunos meses en este país [Estados Unidos], creo que un año y medio. He hecho muchos trabajos pero no me ha dicho nadie que existe tal cosa como el cuidado dental. En mi pueblo de donde vengo, nadie sabe de las clínicas dentales. No hay nada como una clínica dental cerca de donde vivo, y no tenía ni idea acerca de este servicio.

La frecuencia de la limpieza de los dientes

Acerca de la frecuencia de la limpieza de los dientes, el cuestionario reveló que una mayoría de los niños se cepillaba los dientes a diario. El 61% de los participantes informaron que sus hijos se cepillaban los dientes una vez al día. Aproximadamente el 28% de los niños se cepillaba los dientes dos veces al día y el 7% tres veces al día, mientras que el 4% no se limpiaba los dientes nunca. El motivo más común expresado por los padres de familia por insistir en que sus hijos se limpiaran los dientes era que se trataba de una cosa normal que todo el mundo hacía y que si uno no se cepillaba los dientes podría tener caries y el mal aliento. Cierta encuestada indicó lo siguiente:

Aquí en América conseguimos que nuestro hijo se cepille los dientes al menos cada mañana. Es que necesita hacerlo; es lo que hace todo el mundo.

Otro encuestado indicó:

Yo sé que en este país uno debe cepillarse los dientes por la mañana y antes de acostarse. Sin embargo, yo creo que basta con limpiarse los dientes una vez al día. Si te cepillas los dientes demasiado o tomas acciones excesivas para blanquear los dientes, las encías sangran. No es la cantidad de veces que un niño o niña se cepilla los dientes lo que más importa. Más bien, es la sabiduría con que el niño se cepilla los dientes.

La autora descubrió que cierta frase de la susodicha expresión –Si te cepillas los dientes demasiado o tomas acciones excesivas para blanquear los dientes, las encías sangran- pudiera haberse basado en un proverbio del pueblo Akan, de Ghana, que aconseja no pasarse con ciertas acciones ni reaccionar exageradamente ante ciertas situaciones que parecen peligrosas.

Aunque las respuestas a los cuestionarios revelaron que algunos participantes no estaban al tanto de la existencia de servicios dentales, lo interesante fue el descubrimiento que aquellos que sí sabían que el servicio les estaba disponible no estaban dispuestos a utilizarlo. Por ejemplo, cierto participante expresó lo siguiente:

No existe suficiente dinero como para dar de comer a la familia; por qué preocuparse por los dientes. En mi país, es decir, en mi cultura, decimos que te preocupas por los dientes después de comer mucho para ensuciarlos. Cuando no puedes tener dinero para comprar medicina, ¿gastas dinero en los dientes? Una vez que te hayas limpiado bien los dientes, no necesitarás el cuidado dental. ¿Hospital dental? (Se ríe) Bueno, nuestros hijos y nosotros tenemos buenos dientes, pues no necesitamos ir a un hospital dental.

Otro participante, quien se quejó del costo del cuidado dental, señaló:

Usted no me lo dice en serio. Luchamos por comer y cubrir los gastos, y ¡usted habla de ir al hospital dental para los dientes! En mi país la gente ni tiene seguros para el coche. (Se ríe) Permítame hablarle en serio. Manejo mi taxi y mi esposa trabaja como ayudante de enfermería. Si queremos ir al hospital para nuestros dientes con los cuatro hijos nuestros, se nos acabará el dinero. Intentamos comprar seguros de salud pero ir al dentista para una revisión o limpieza de los dientes, eso no. La escuela trae un dentista a la escuela cada año para revisar los dientes de los niños; eso es suficiente.

Discusión

Los susodichos extractos de las entrevistas demuestran que las percepciones culturales de los participantes acerca del cuidado dental constituían un motivo importante de su falta de acción respecto a la salud dental de sus hijos. Específicamente, la acción de ver a un dentista para una revisión se percibía como culturalmente inapropiada; tener caries no se consideraba culturalmente como problema de salud. Tal percepción servía para justificar la decisión de dejar que el cuidado dental recibiera muy poca prioridad en comparación con las crisis ‘verdaderas’ de la salud que exigían la atención inmediata.

Los encuestados también percibían que las clínicas dentales eran espacios públicos donde, mediante las acciones invasivas de los dentistas o las enfermeras de salud dental, se podría contraer fácilmente una enfermedad. En vista de la poca importancia que se le veía al cuidado dental al estilo occidental y puesta la percepción de los participantes que las caries no constituían un problema de salud, estos consideraban que ver a un dentista suponía riesgos innecesarios e impropios y que por lo tanto esto era una acción que no debía realizarse.

La percepción de los participantes sobre la responsabilidad económica también afectaba sus decisiones acerca de llevar a sus hijos a un dentista. A partir de las respuestas de los participantes, citadas en la sección anterior, pudimos deducir que la responsabilidad económica implicaba evitar el gastar dinero en cosas que tal vez no dejen ninguna huella indeleble ni tengan efectos permanentemente dañinos. En particular, aprendimos que ir a una clínica dental para una revisión se percibía como una acción irresponsable porque en sus culturas el tener caries no significaba estar enfermo. Además, los dientes de leche de los niños se percibían como temporales, y por lo tanto no sería apropiado malgastar los recursos financieros escasos para cuidarlos. Así es que en sus respuestas, los encuestados parecían expresar una opinión parecida a la siguiente: “¿Por qué crear un problema imaginado y luego perder tiempo y recursos a causa de ello?” La expresión: "Si le dices a alguien que vas a una clínica para que te revisen los dientes o los limpien, te dirá que eres un tonto perezoso que tiene dinero para malgastar", citada en la sección anterior, apoya fuertemente dicha conclusión.

Además, a pesar de que uno pueda sentirse tentado a explicar las decisiones de los encuestados culpando su ignorancia sobre la higiene oral, la evidencia del estudio indica que la mayoría de los encuestados eran educados y estaban informados sobre la salud oral. Por lo tanto, su acción o falta de acción puede más bien atribuirse a sus culturas africanas, las cuales ponen muy poco o ningún énfasis en buscar el cuidado dental profesional.

También aprendimos de los extractos que, aunque algunos encuestados percibían que era importante llevar a sus hijos a visitar a un dentista para una revisión general, estaban renuentes a hacerlo. La acción de cierto encuestado era influenciada por su necesidad de agradar a su cónyuge a fin de tener su “paz mental”. Por esto, puede sostenerse que para algunos participantes, las decisiones acerca de la salud dental de sus hijos eran motivadas por las demandas culturales relacionadas a evitar los conflictos. Con este fin, una persona casada deberá ceder a las demandas de su cónyuge o agradarlo haciendo las cosas a la manera de éste; no porque cree que esto sea la cosa correcta que hacer, sino porque se da cuenta de que al negarse a realizar cierta acción se puede provocar el conflicto.

Con respecto a la supervisión de la limpieza de los dientes de los hijos, puede sostenerse que las culturas de los participantes tomaban un papel significativo en su decisión de supervisar a sus hijos. Específicamente, las percepciones culturales de los participantes que las caries y la halitosis podían acarrear la vergüenza a la familia servían para estimular a los padres de familia a presionar a que sus hijos se cepillaran los dientes.

En cuanto a la frecuencia de la limpieza de los dientes, como se señaló en la sección anterior del presente artículo, la mayoría de los encuestados indicaron que sus hijos se cepillaban los dientes solo una vez al día. La frecuencia con que los hijos de los participantes se limpiaban los dientes también tenía causas culturales. Por ejemplo, la respuesta de cierto participante se cimentaba en una máxima cultural africana que aconseja no pasarse con ciertas acciones ni reaccionar exageradamente ante ciertas situaciones peligrosas. El participante citó un proverbio africano –Si te cepillas los dientes demasiado o tomas acciones excesivas para blanquear los dientes, las encías sangran- y explicó que en su cultura era más preferible manifestar la moderación. El que el participante de la investigación utilizara esta máxima para justificar una línea de acción demuestra el grado hasta el cual su cultura informaba o 'dictaba' su percepción de la salud oral de su hijo y las acciones que realizaba a fin de ayudarlo.

Relativo al conocimiento de los participantes encuestados sobre la existencia de servicios dentales en los Estados Unidos, indudablemente era alarmante la proporción elevada de participantes que no estaban informados sobre los mismos. En particular, puesto que hasta el 15% de los participantes encuestados no tenían conocimiento de la disponibilidad de servicios dentales, es un deber de todas las personas interesadas -maestros preescolares, asistentes sociales y otras- informar o instruir a los inmigrantes sobre la existencia de tales servicios y también su utilidad o provechos para el bienestar de los inmigrantes. También es preciso enfocar más información en los inmigrantes recién llegados en particular, ya que se halló que este grupo tenía el menor conocimiento sobre la existencia de servicios de cuidado dental en los Estados Unidos y también sobre la naturaleza y los provechos de tales cuidados para su salud y bienestar general. Además, es importante que los educadores animen a estos inmigrantes recién llegados a permitir que sus hijos aprovechen el servicio dental gratuito ofrecido por el estado mediante los distritos escolares a los hijos de familias de bajos ingresos.

Significado del estudio

Las implicaciones del presente estudio tienen que ver con la instrucción sobre la salud al nivel preescolar y los programas comunitarios de programación y evaluación de la salud, además de los cimientos culturales de la dentistería. Específicamente, se demuestra que es esencial que los educadores, padres de familia y profesionales de la salud dental se relacionen unos con otros para llegar a una comprensión común sobre las necesidades dentales de los niños preescolares, las políticas de la salud pública relacionadas a la higiene dental y los sistemas de creencias paternas que afectan la salud oral de sus hijos.

Recomendaciones para profesionales del cuidado y educación preescolar

A partir de los resultados del estudio y de la discusión de más arriba, se ofrecen las siguientes recomendaciones para ayudar a los profesionales de la primera infancia a tratar las cuestiones del cuidado dental entre poblaciones inmigrantes. Primero, es preciso que los profesionales informen a los inmigrantes, sobre todo a los recién llegados, de la existencia de servicios de cuidado dental en sus comunidades. En particular, puesto que hasta el 15% de los participantes del estudio no estaban al tanto de los servicios dentales gratuitos para niños de edad escolar, dichos profesionales tienen el deber de informar a los inmigrantes sobre quiénes ofrecen tales servicios y dónde obtenerlos. Una manera de informar a inmigrantes de la disponibilidad de tales servicios es la de darles a los niños la literatura disponible (tal como folletos, hojas repartidas, noticias del distrito escolar) sobre servicios del cuidado dental en la comunidad para llevarla a casa y compartirla con sus padres. En zonas donde cantidades grandes de inmigrantes residen en ciertos barrios étnicos, puede valer la pena producir tales materiales en el idioma de los mismos.

También es importante que las personas que se criaron en los Estados Unidos y enseñan o cuidan a los hijos de padres inmigrantes africanos, sepan que algunos de los padres de familia puedan expresar preocupación sobre las revisiones dentales de sus hijos antes de la matriculación, aunque tales preocupaciones tal vez puedan aliviarse con instrucción para los padres de familia.

Los maestros de niños de edad preescolar pueden incorporar la higiene oral a sus currículos. Específicamente, los maestros deberán hablar sobre la necesidad de cepillarse los dientes por la mañana y antes de acostarse, y también explicar la necesidad de limpiárselos con hilo dental. Al hacerlo, los maestros podrán inculcar las maneras apropiadas de mantener la higiene oral en los niños inmigrantes.

Finalmente, los profesionales de la primera infancia pueden, como parte de sus módulos de instrucción de salud, invitar a profesionales del cuidado dental a sus clases para instruir a los niños sobre la salud dental y los riesgos implicados en desatender la higiene oral. Se podría invitar a los padres de familia a la clase para escuchar algunos de tales discursos, para que ellos también ensanchen sus perspectivas sobre la salud oral.

Referencias

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Información de la autora

Dra. Cecilia S. Obeng es profesora auxiliar de la salud escolar en el Departamento de Ciencias Aplicadas de la Salud en la Universidad de Indiana. Es educadora de niños pequeños e instructora de maestros en la educación sobre la salud. Sus intereses de investigación incluyen la salud de niños preescolares, la cultura y la salud, y la salud de grupos minoritarios. Ha publicado tres libros y varias monografías en revistas revisadas por colegas (refereed journals).

Cecilia Sem Obeng
Program in School Health
Department of Applied Health Science, HPER 116
Indiana University
Bloomington, IN 47405
E-mail: cobeng@indiana.edu