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Vol. 10 No. 2
©Derechos de autor reservados 2008

El fomento de la salud y la prevención de lesiones en niños preescolares. La influencia del estrés relacionado a la crianza de los hijos

Sonia A. Alemagno
Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron

Sheila A. Niles
Asociación de Enfermeros Visitantes y Consorcio para el Cuidado de Salud de Ohio

Peggy Shaffer-King
Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron

William J. Miller
Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron

Sinopsis

Existe cierta preocupación que los padres y madres que experimentan el estrés tal vez no fomenten la salud ni prevengan las lesiones muy eficazmente en sus hijos pequeños. La investigación de este tema que se ha hecho hasta ahora es muy escasa. Para explorar esta cuestión, se realizó un estudio para examinar la relación entre el estrés auto-informado por los padres y madres y sus acciones realizadas a fin de fomentar la salud y evitar las lesiones en sus hijos de edad preescolar. El estudio se llevó a cabo en colaboración con 15 programas de Head Start en la región noreste de Ohio. Quinientos treinta y uno padres, madres o tutores de niños matriculados en los programas completaron una encuesta que duró 10 minutos sobre la salud y la prevención de lesiones, administrada con una computadora portátil ‘parlante’. El estudio presenta datos nuevos que conectan el estrés relacionado a la crianza de los hijos con una probabilidad disminuida de usar medidas preventivas que reduzcan el riesgo de lesiones y enfermedades en niños preescolares. Puede que los padres y madres que sufren el estrés necesiten el apoyo social y maneras de desarrollar una red de apoyo que les ayude a prevenir las lesiones en niños pequeños y lograr que reciban cuidados médicos apropiados. Es posible que los cuidadores y maestros de niños pequeños tomen un papel muy útil en la formación y el mantenimiento de tales redes de apoyo.

Introducción

Aunque muchos estudios han examinado el estrés relacionado a ser padre o madre, muy pocos han examinado la conexión entre el estrés relacionado a la crianza de los hijos y la prevención de lesiones en niños pequeños. Dicho estrés, o sea el estrés de crianza, puede definirse como la dificultad que surge de las muchas demandas de ser padre o madre (Anthony, Anthony, Glanville, Naiman, Waanders y Shaffer, 2005). El estrés de crianza se ha conectado a muchas cuestiones social-económicas, la disfunción familiar, las demandas del trabajo y una falta de apoyo externo (Crnic y Low, 2002). La crianza de niños con necesidades especiales de la salud física o mental también puede dar lugar al estrés de crianza (Tan y Rey, 2005; Virtanen, Moilanen y Ihalainen, 1991). El estrés de crianza es particularmente elevado para padres y madres de niños de edad preescolar cuando estos no obedecen (Kuczynski y Kochanska, 1990), sobre todo en el caso de madres adolescentes con hijos preescolares (Chang, Fine, Ipsa, Thornburg, Sharp y Wolfenstein, 2004; Larson, 2004). Un planteamiento de modelos estructurales para comprender el estrés de crianza reveló varios factores relacionados directamente a un nivel mayor de estrés, entre ellos muchas horas de trabajo, poco apoyo social, la percepción que el niño era quejumbroso o dificultoso, eventos negativos en la vida, dificultades con el cuidado de los niños, una cantidad grande de hijos en la familia y una edad materna avanzada (Ostberg y Hagekull, 2000).

A través del tiempo, la definición del estrés se ha evolucionado desde una reacción ante cambios profundos en la vida, hasta un concepto que refleja un proceso más dinámico y las interacciones con el ambiente (Knussen y Cunningham, 1988; Virtanen et al., 1991). Los estudios que examinan el estrés de crianza y la dinámica familiar conceptúan el estrés de variadas maneras que incluyen muchas de las demandas diarias de cuidar niños crecientes, además de la experiencia de circunstancias externas difíciles (Crnic y Low, 2002).

La depresión y la ansiedad materna relacionada al estrés están conectadas a muchos resultados negativos para los niños, los cuales incluyen un riesgo elevado de sufrir lesiones (Mulvaney y Kendrick, 2005). Factores familiares –entre ellos el estrés de crianza– son factores de predicción para los resultados de niños que sufren trastornos de ansiedad y reciben el tratamiento cognitivo y de comportamiento. Los hijos de padres y madres estresados experimentaron resultados menos favorables del tratamiento (Crawford y Manassis, 2001). El estrés de crianza se ha relacionado a problemas entre niños preescolares con la aptitud social y el comportamiento en las clases (Anthony et al., 2005), una salud oral reducida (LaValle, Glaros, Bohaty y McCunniff, 2000), dificultades de respiración en lactantes (Wright, Cohen, Carey, Weiss y Gold, 2002), un control reducido del metabolismo en niños con diabetes (Thompson, Auslander y White, 2001), citas perdidas con el pediatra (Pesata, Pallija y Webb, 1999) y problemas de sueño en niños (Doo y Wing, 2006).

Se ha demostrado que el apoyo para los padres y madres ayuda a reducir su estrés y mejora su eficacia (Bonds, Gondoli, Sturge-Apple y Salem, 2002). Hallazgos anteriores han sugerido que dos formas de apoyo social sirven para aliviar el estrés de crianza: los propios recursos psicológicos de padre o la madre y su red de apoyo (Belsky, 1984). Dicho hallazgo también se ve reflejado en un estudio reciente que examinó la conexión entre el maltrato infantil y el despliegue militar de uno de los padres al combate (Gibbs, Martin, Kupper y Johnson, 2007).

A veces tanto los padres de familia como los profesionales están renuentes a informar de problemas con la crianza y educación o a preguntar sobre ellos. Muchos padres y madres informan de tener miedo de conseguir servicios de apoyo por temor a que sean percibidos como “malos padres o madres” (BBC News, 2005). La Fundación Australiana para la Infancia halló en una encuesta nacional de las actitudes en Australia que uno de cada cuatro padres y madres entrevistados pensaba que sería juzgado negativamente por otras personas si confesara tener problemas con la crianza o educación de sus hijos (Tucci, Mitchell y Goddard, 2004).

Varios estudios han señalado obstáculos profesionales para la denuncia del maltrato infantil, entre ellos una falta de conocimiento del profesional sobre los indicios del maltrato y un temor a consecuencias negativas para la relación con uno o ambos de los padres. Los empleados también percibían consecuencias negativas para el profesional (como un aumento en la cantidad, la dificultad y la duración del trabajo) si intervenían a favor de los padres que experimentaban el estrés (Álvarez, Kenny, Donohue y Carpin, 2004).

En el presente estudio exploramos la relación entre los informes de ciertos padres y madres sobre el estrés de crianza y los indicios de los mismos respecto a si tomaban ciertas medidas importantes para fomentar la salud y la seguridad de sus hijos de edad preescolar. Partimos de las recomendaciones del proyecto Healthy People 2010 y examinamos la relación entre el estrés de crianza y la capacidad de los padres y madres para acatar las normas recomendadas para la prevención de enfermedades y lesiones (U.S. Department of Health and Human Services, 2000). Healthy People 2010, proyecto del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., desarrolló una lista de 467 objetivos en 28 áreas de enfoque y los estableció como objetivos nacionales para reducir las amenazas prevenibles significativas a la salud (http://www.healthypeople.gov/About/goals.htm). Los indicios relacionados a la salud y seguridad de niños preescolares incluyen factores relacionados a las lesiones (caídas, envenenamiento, armas de fuego, acceso a sustancias peligrosas, riesgos de quemaduras), recomendaciones generales de prevención (revisiones médicas regulares, exámenes orales, inmunizaciones) y retrasos del desarrollo (U.S. Department of Health and Human Services, 2000). Partiendo de dichos indicios y de las recomendaciones del proyecto Healthy People 2010, los autores desarrollaron una encuesta (véase el apéndice).

Métodos

El presente estudio se llevó a cabo en colaboración con 15 programas de Head Start en la región noreste de Ohio. Los centros de Head Start ya estaban colaborando en un proyecto existente y dieron su consentimiento para permitir el reclutamiento de padres y madres para el presente proyecto a la hora de llegar estos para entregar a su hijo al centro de cuidado infantil o llevarlo a casa. Se pidió que los padres o tutores de los niños completaran una encuesta sobre la salud y la prevención de lesiones, la cual duró 10 minutos y se administró con una computadora portátil ‘parlante’, desarrollada para el programa Familias con Hijos de Healthy Town (Healthy Town, 2008). Una vez que los encuestados completaran el cuestionario, recibieron recomendaciones sobre la seguridad de niños, ajustadas a sus respuestas a las preguntas. Por ejemplo, si un padre o una madre indicaba la presencia de un arma de fuego en la casa, recibió información sobre la seguridad relacionada a armas de fuego. Los padres y madres recibieron una hoja con información impresa sobre factores de riesgo para su hijo en particular, junto con una lista de consejos de seguridad y enlaces de Internet en donde podían obtener más información. Los padres y madres recibieron $25 por completar el cuestionario inicial y participar en una entrevista de seguimiento dos meses más tarde.

Los encuestados del presente estudio representan una muestra de conveniencia de 531 personas. Entre estas, 424 (el 79,8%) eran madres, 54 (el 10,2 %) eran padres y 29 (el 5,5%) eran abuelos. Entre los demás participantes, 11 (el 2,1%) se clasificaron como “otros parientes” de niños matriculados en el programa y 13 (el 2,4%) no especificaron su relación con un niño. Las preguntas de la encuesta trataban al niño individual, y los niños del programa tenían entre 2 y 5 años de edad. Poco menos de la mitad (el 46,5%, 247) de los encuestados eran de raza caucásica, el 36,5% (194) era africano-americanos, el 7,7% (41) eran hispanos, el 5,6% (30) eran multirraciales, el 2,6% (14) no especificaron su raza y los demás encuestados (el 0,9%, 5) se describían con “otra raza”. Para 260 encuestados (el 49% de la muestra), el niño que asistía al programa era el único niño en su hogar que tenía menos de 6 años; el 42,9% (228) de la muestra tenía otros hijos menores de 6 años que vivían en la casa.

Para los propósitos del presente análisis exploratorio, los encuestados que contestaron que Sí a la pregunta: “¿Se siente Ud. estresado la mayoría del tiempo a causa de ser padre o madre?” se compararon a aquellos que contestaron que No. Entre los 531 encuestados, 141 (el 26,6%) de los padres y tutores contestaron que Si y 390 (el 73,4%), que No.

Resultados

En la Tabla 1 se presentan los resultados de la comparación de los dos grupos de padres y madres respecto a preguntas relacionadas al cuidado médico general y su vida familiar. Aquellos que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad significativamente mayor de haber perdido una cita con un médico para su hijo que los padres que no informaron del estrés. Entre los 141 que informaron del estrés de crianza, 14 (el 9,9%) indicaron que habían perdido una cita, mientras que entre aquellos que no informaron del estrés de crianza, 20 entre 390 (el 5,1%) informaron de una cita perdida. Aquellos que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad significativamente mayor de carecer de conocimiento sobre el programa de inmunización de su hijo (20 entre 141, el 14,2%), en comparación que aquellos que no informaron del estrés de crianza (23 entre 390, el 5,9%).

Se hallaron diferencias significativas en el apoyo social. Aquellos participantes que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad significativamente mayor de informar que no tenían a una persona con quien podían contar cuando necesitaban ayuda con su hijo (35 entre 141, el 24,8%) en comparación con los padres que no informaron del estrés de crianza (16 entre 390, el 4,1%). Los padres que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad significativamente mayor de haberse mudado de vivienda más de tres veces durante el último año (15 entre 141, el 10,6%) en comparación con los padres que no informaron del estrés de crianza (20 entre 390, el 5,1%). Aquellos que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad mayor de carecer de suficiente dinero para comprar alimentos (41 entre 141, el 29,1%) en comparación con aquellos que no informaron del estrés de crianza (39 entre 390, el 10%).

Se pidió que los padres informaran si vivían en una casa vieja o un apartamento viejo para determinar el riesgo de exposición al plomo. Aunque la encuesta no presentó una definición de una vivienda “vieja” y la percepción de los padres y madres era subjetiva, los padres que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad mayor de informar que vivían en una casa vieja o apartamento viejo (61 entre 141, el 43,3%) en comparación con los padres que no informaron del estrés de crianza (128 entre 390, el 32,8%)

Tabla 1
El estrés de crianza y los riesgos ambientales y de servicios de salud

 

Se sentían estresados respecto a la crianza

(n = 141)

No se sentían estresados respecto a la crianza

(n = 390)

X2

Falta de apoyo social 24,8%
(35)
4,1%
(16)
51,210
(df = 1)***
Más de tres mudanzas durante el último año 10,6%
(15)
5,1%
(20)
5,107
(df = 1)*
Insuficiente dinero para alimentos 29,1%
(41)
10,0%
(39)
29,456
(df = 1)***
Residencia en una casa vieja o apartamiento viejo 43,3%
(61)
32,8%
(128)
4,925
(df = 1)*
El niño tiene un médico al que visita de forma regular 97,9%
(138)
98,5%
(384)
,216
(df = 1)
Se perdió recientemente alguna cita médica del niño 9,9%
(14)
5,1%
(20)
3,983*
(df = 1)
El niño ha visitado al dentista al menos una vez 87,2%
(123)
92,3%
(360)
3,242
(df = 1)
No se acuerda cuándo el niño está programado para recibir una inmunización, sea inicial o de refuerzo 14,2%
(20)
5,9%
(23)
9,556
(df = 1)**
*p < 0,05.
**p < 0,01.
***p < 0,001.

En la Tabla 2 se presenta el análisis de las respuestas a las preguntas relacionadas a la prevención de lesiones. Los padres que se sentían estresados acerca de ser padre o madre tenían una probabilidad significativamente mayor de informar que alguien fumaba en casa (85 entre 141, el 60,3% en comparación con 188 entre 390, el 48,2% de los padres que no informaron del estrés de crianza). Los padres que informaron del estrés de crianza informaron de dejar alcohol o cigarrillos dentro del alcance de un niño con una frecuencia significativamente mayor (24 entre 141, el 17%) que el grupo de padres y madres no estresados (23 entre 390, el 5,9%). Los padres que informaron del estrés de crianza tenían una probabilidad menor de tener el número telefónico del centro de control de envenenamiento en casos de la intoxicación accidental (73 entre 141, el 51,8%) en comparación del grupo de padres y madres sin estrés de crianza (157 entre 390, el 40,3%).

En ciertos respectos, los padres que informaron del estrés de crianza no se distinguían significativamente de los padres que no informaron del estrés de crianza. Aproximadamente la mitad de la muestra total había revisado la temperatura del agua caliente en su casa para prevenir las quemaduras (302 entre 531, el 56,7%), casi todos los encuestados informaron de tener un detector de humo en su casa (520 entre 531, el 97,9%) y la mayoría indicó que guardaban bajo llave productos peligrosos, como materiales de limpieza y pintura (485 entre 531, el 91,3%); no había diferencias significativas entre los dos grupos respecto a estas variables. Aunque no se demostró el significado estadístico respecto a las siguientes variables, los padres que informaron del estrés de crianza indicaron que sus hijos tenían menos probabilidad de usar siempre un cinturón de seguridad o un asiento de seguridad para el coche, según requiere la ley (11 entre 141, el 7,8%) en comparación con los padres que no informaron del estrés de crianza (15 entre 390, el 3,8%), aunque la tasa general de uso de los cinturones de seguridad superaba el 95,1% de la muestra (505 entre 531). Solamente una proporción pequeña de las familias indicaron la presencia de un arma de fuego en el hogar (39 entre 531, el 7,3%).

Tabla 2
El estrés de crianza y la prevención de lesiones
  Se sentían estresados respecto a la crianza
(n = 141)
No se sentían estresados respecto a la crianza
(n = 390)
X2

Se dejaba alcohol o cigarrillos al alcance de niños

17,0%
(24)
5,9%
(23)
15,883
(df = 1)***

No se exhibía el número telefónico del centro de control de envenenamiento

51,8%
(73)
40,3%
(157)
5,594
(df = 1)**

Se había revisado la temperatura del agua caliente en la casa

56,7%
(80)
56,9%
(222)
,001
(df = 1)

Los cinturones de seguridad no se usaban de forma regular

7,8%
(11)
3,8%
(15)
3,479
(df = 1)

Hay un detector de humo en la casa

96,5%
(136)
98,5%
(384)
2,058
(df = 1)

Un arma de fuego estaba presente en la casa

8,5%
(12)
6,9%
(27)
,384
(df = 1)

Alguien fuma en la casa

60,3%
(85)
48,2%
(188)
6,048
(df = 1)**

Los productos peligrosos (productos de limpieza, pinturas etc,) se guardan bajo llave

87,9%
(124)
92,6%
(361)
2,795
(df = 1)
*p < 0,05.
**p < 0,01.
***p < 0,001.

La encuesta incluía varias preguntas relacionadas al desarrollo infantil. En todas las preguntas, los padres y madres que se sentían estresados la mayoría del tiempo informaron de preocuparse más sobre el desarrollo de su hijo (véase la Tabla 3).

Tabla 3
El estrés de crianza y el desarrollo infantil

Se sentían estresados respecto a la crianza
(n = 141)

No se sentían estresados respecto a la crianza
(n = 390)

 

X2

El niño entrecierra los ojos cuando mira cosas 17,7%
(25)
9,2%
(36)
7,358
(df = 1)**
El niño parece desmañado o torpe 28,4%
(40)
12,3%
(48)
19,203
(df = 1)***
El niño habla de una forma difícil de entender 29,1%
(41)
20,8%
(81)
4,040
(df = 1)*
El niño puede ser un poco sordo 10,6%
(15)
6,9%
(27)
1,962
(df = 1)
El niño debería ser capaz de hacer más cosas a la edad que tiene 39,0%
(55)
23,3%
(91)
12,762
(df = 1)***
*p < 0,05.
**p < 0,01.
***p < 0,001.

Discusión

La muestra de conveniencia utilizada en el presente estudio representa las respuestas de una cantidad limitada de padres y tutores que residían en cierta región geográfica. Sin embargo, el estudio indica varias relaciones interesantes y significativas entre los informes de ciertos padres y madres sobre su estrés de crianza y también sobre su probabilidad reducida de realizar prácticas importantes para fomentar la salud y seguridad de sus hijos de edad preescolar. Cabe señalarse que la mayoría de los padres y madres de ambos grupos, con mucho estrés y con poco, dieron respuestas alentadoras con respecto a los factores de riesgo que examinamos. Más del 90% de la muestra total informó que sus hijos tenían un médico al que visitaban de forma regular, habían recibido revisiones regulares para niños y habían visto a un dentista al menos una vez. Más del 85% de los padres y madres no exponían a sus hijos a tales riesgos de envenenamiento accidental como por ejemplo el alcohol, los cigarrillos o los productos peligrosos dejados dentro de su alcance. En vista de la constancia de la información negativa acerca de familias de bajos ingresos informada en la literatura de investigación, es digno de mención el éxito de los padres y madres respecto a la mayoría de los factores de riesgo en el presente estudio.

El estudio tiene implicaciones importantes ya que la investigación previa demostró que si los padres y madres buscaban ayuda profesional para sus hijos de 3 años que manifestaban indicios de hiperactividad y otros problemas de exteriorización, y estos se examinaban otra vez a los 6 años y se comparaban con grupos de control, seguían manifestando dificultades con el proceso de ajuste en la escuela, en casa y con los compañeros (Campbell, Ewing, Breaux y Szumowski, 1986). Cuando los padres y madres y sus hijos de 1 ó 2 años tenían “relaciones muy estresantes y caracterizadas por la coacción” y sufrían dificultades económicas y escasez de recursos, se beneficiaban de intervenciones relacionadas al estrés de crianza, problemas del comportamiento infantil, estrategias de disciplina poco exitosas y una reducida auto-eficacia de la educación de los hijos (Gross, Sambrook y Fogg, 1999). Nuestra experiencia al administrar un cuestionario sobre la seguridad en programas de Head Start sugiere que es posible detectar el estrés de crianza en los programas para niños pequeños. Nos parece razonable sugerir que si dichos programas ofrecieran apoyo a familias que experimentaban el estrés, podrían reducir el riesgo de los niños de sufrir lesiones y su exposición a situaciones peligrosas en el hogar.

Sobre todo para aquellos padres y madres que experimentan un grado elevado de estrés, puede que el conocimiento de maneras de prevenir las lesiones no siempre produzca la acción. Un factor clave para prevenir las lesiones entre niños pequeños puede ser la detección del estrés de crianza, para que el personal de los programas pueda ofrecer apoyo o hacer arreglos para ofrecerlo. La implementación de procedimientos de detección o la provisión de apoyo puede suponer dificultades. Por ejemplo, varios estudios indican que los maestros y cuidadores a veces se sienten desanimados sobre sus intentos de comunicarse y colaborar con los padres de familia. La investigación ha demostrado que a muchos maestros les parece que las intervenciones destinadas a reducir el estrés de crianza les exigen mucho tiempo y conllevan muy pocas recompensas, aparte de las internas, para animar a un maestro a tratar asuntos de las familias (Epstein y Becker, 1982).

Otra dificultad en la implementación de intervenciones para padres y madres estresados es la controversia relacionada a las encuestas sobre factores de la aptitud de la labor paterna. Aunque se requiere que las escuelas identifiquen factores de la salud física y mental que impidan el aprendizaje, según la Ley Federal de Rehabilitación y el Acta de Mejoramiento de la Educación para Personas con Discapacidades (U.S. Department of Education, 2004), las encuestas sobre la aptitud paterna han suscitado muchos debates políticos controvertidos. Las preocupaciones relacionadas al tema incluyen los temores al estigma, la responsabilidad legal, los costos de las encuestas, y cuestiones de resultados equivocados y la coacción de los padres y madres por el personal de escuelas y centros de cuidado infantil. También se han planteado cuestiones del prejuicio cultural y racial y la necesidad de encuestas que manifiesten sensibilidad cultural y lingüística. Tales cuestiones van emergiendo en modelos multiculturales y eco-culturales de la evaluación en la psicología escolar multicultural (Esquivel, López y Nahari, 2007; Brassard y Boehm, 2007).

En el presente estudio, hemos puesto a pruebas preliminares una encuesta simple que se propone informar a los padres y madres de los riesgos a los que sus hijos están expuestos. El hallazgo sobre la relación entre el estrés de crianza y la presencia de otros factores de riesgo supone un dilema nuevo para las investigaciones futuras.

Para prevenir lesiones en los niños, un factor muy importante puede ser el proveerles apoyo a los padres y madres a fin de reducir el estrés que viven. El presente estudio preliminar demuestra que las encuestas en centros de cuidado infantil acerca de las lesiones y otros riesgos para la salud deberán incluir preguntas relacionadas al estrés de crianza. Según estos resultados preliminares, recomendamos el desarrollo de intervenciones normalizadas que les ofrezcan apoyo a padres y madres estresados y que no sobrecarguen a los maestros ni al personal. Claro está, es importante proveerles recursos a las personas que sirven a las familias de niños a fin de tratar el estrés de crianza, con el fin de reducir el riesgo de niños preescolares de sufrir lesiones en el hogar.

Reconocimientos

Healthy Town es programa de la Asociación de Enfermeros Visitantes y Consorcio para el Cuidado de Salud de Ohio, en colaboración con el Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron. Más información sobre Healthy Town puede encontrarse en http://www.vnahealthytown.org. Los autores reconocen con gratitud la ayuda del programa Healthy Town de la Asociación de Enfermeros Visitantes y Consorcio para el Cuidado de Salud de Ohio; los esfuerzos de programación informática de David Veits, Michael Gill y Bradley Perolis; y la ayuda con la redacción ofrecida por Laura Monroe del Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron. La presente investigación fue patrocinada gracias a fondos de la concesión #H75/CCH523792-01 del Centro Nacional para la Prevención de Enfermedades Crónicas y la Promoción de la Salud de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El contenido del presente informe es la responsabilidad única de los autores y no necesariamente representa las perspectivas expresadas oficialmente por el Centro para el Control de Enfermedades. Sonia Alemagno y Sheila Niles participaron en el desarrollo de las preguntas y la gerencia del proyecto en general. Peggy Shaffer-King supervisó la recolección de datos, la entrada de datos y el análisis. William J. Miller ayudó con el análisis de los datos para el presente artículo.

Referencias

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Información de los autores

Dra. Sonia Alemagno es profesora asociada del Departamento de Administración Pública y Estudios Urbanos y directora del Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron en Akron (Ohio). La Dra. Alemagno es actualmente la investigadora principal de más de ocho proyectos de investigación y lleva 5 años dirigiendo investigaciones externamente patrocinadas con más de $2 millones de dólares. Se ha enfocado en investigar el desarrollo de intervenciones para la prevención de la infección con el virus VIH, la prevención de enfermedades de transmisión sexual y el tratamiento del abuso de fármacos para personas reclusas en cárceles locales y de condados, y sobre todo las necesidades multidimensionales de mujeres encarceladas. La Dra. Alemagno también lleva más de 20 años trabajando con la Asociación de Enfermeros Visitantes para desarrollar variados programas para el fomento de la salud y más recientemente, en 2007, recibió el Galardón de Mujeres Distinguidas en la Investigación de la Atención Médica de la Asociación de Enfermeros Visitantes y el Consorcio para el Cuidado de Salud de Ohio, junto con el Banco National City y la revista Cleveland Magazine.

Sonia A. Alemagno
University of Akron
Institute for Health and Social Policy
Polsky 520
Akron, OH 44325-1915
Teléfono: 330-972-8252
Fax: 330-972-8675
E-mail: alemagn@uakron.edu

Sheila A. Niles es Enfermera Registrada, tiene la maestría en enfermería y es especialista clínica certificada. Es la directora de Servicios de Salud Mental y la Tercera Edad de la Asociación de Enfermeros Visitantes y Consorcio para el Cuidado de Salud de Ohio. Es la directora del programa y una de los investigadores principales de Healthy Town, programa galardonado de fomento de la salud, y de su tecnología de Internet y sus cuestionarios computarizados interactivos. Healthy Town se enfoca en el fomento de la salud y la instrucción para personas de la tercera edad, familias con hijos menores y la preparación para emergencias.

Peggy Shaffer-King tiene la maestría y lleva más de 25 años participando en proyectos de investigación patrocinados por entidades locales, estatales y federales. Comenzó a impartir cursos de sociología en la Universidad de Akron en 1991 y, desde 1999, ha sido socia de investigación en el Instituto de Salud y Políticas Sociales de la Universidad de Akron.

William J. Miller es estudiante doctoral en la Universidad de Akron y se especializa en Administración Pública y Estudios Urbanos. Tiene la maestría en política aplicada del Instituto Ray C. Bliss en la Universidad de Akron, y una maestría en ciencias políticas de la Universidad de Ohio. Sus intereses de investigación se centran en las políticas públicas, la opinión pública y estudios comparativos de la burocracia.

Apéndice

Preguntas del cuestionario del programa Healthy Town para familias con hijos pequeños